Reflexiones de un Encuentro

  • LA TORMENTA

    Te veo caminar en la playa soportando la tormenta, donde el cielo era claro y luminoso para ti, ahora las nubes oscuras ocultan el sol y con su lluvia azota la tierra. Tus pasos dejan huellas en la arena, pero no mires atrás porque te prometo que, al día siguiente, el oleaje habrá borrado tu recorrido. Nada quedará de ti y nadie recordará que pasaste por aquí.

    Ahora decides detenerte, miras alrededor y descubres a la persona que amas venir a tu encuentro y le dices:

    Voz 2: —Hoy no me siento bien, soy un desastre. Mis problemas me golpean como esta lluvia y mis sentimientos se agitan como aquel oleaje.

    Voz 1: —Ya pasará, pronto volverás a la tranquilidad.

    Voz 2: —¿No me escuchaste?

    Voz 1: —Sí te escucho.

    Voz 2: —No es cierto, subestimas mis emociones.

    Voz 1: —¿Qué sucede contigo?

    Voz 2: ¡Por qué no te callas y me dejas hablar! Quiero que estés a mi lado y me brindes tu apoyo.

    Voz 1: —¿Esperas que me quede aquí sin decir nada?

    Voz 2: —Sí, eso quiero.

    Voz 1: —No entiendo cómo podré ayudarte, además te dije que ya pasará.

    Voz 2: —Eres insensible y arrogante.

    Voz 1: —¿Por qué vienes a mí con los problemas que no quieres resolver?

    En ese momento se aparta, regresa por donde vino y, por cada segundo que pasa, su silueta aparece y desaparece de manera intermitente más lejos de ti hasta fundirse en la distancia.

    Continúas tu camino hasta descubrir un faro en el acantilado y en lo alto reconoces su silueta que lucha contra la tormenta para reparar la luz. Desde abajo no puedes ver su rostro, tocar su cuerpo ni reconocer su aroma, pero sabes quién es para ti. Lejos de la apariencia, amas más su esencia, y piensas:

     Voz 2: —Eres sorprendente, siempre tratando de probar quién eres, sobre salir entre tus iguales y desarrollar tus habilidades. Desde aquí te veo en lo alto del faro en busca de nuevos retos y tratando de alcanzar tu propósito, sientes orgullo cuando tienes el poder de realizarte por tus propios medios, siempre libre.

    La silueta se asoma por el barandal y te distingue ahí afuera.

    Voz 1: —¡Hola, ¿quién está abajo?!

    Voz 2: —¡Soy yo!

    Voz 1: —¿A qué has venido?

    Voz 2: —¡Quiero hablar contigo!

    Voz 1: —¡Ahora no, que no ves que el faro se ha estropeado!

    Voz 2: —¡Cómo pasó!

    Voz 1: —

    Voz 2: —¡Fuiste tú, verdad!

    Voz 1: —¡Claro que no fue la tormenta!

    Voz 2: —

    Voz 1: —¡Sí fui yo y qué!

    Voz 2: —¡Dejarme entrar, escúchame y te ayudaré a recuperar la luz!

    Voz 1: —… ¡Está bien, pero es un desastre aquí adentro!

    Entonces la puerta del faro se abre y le dices:

    Voz 2: —Lo único que quiero es compartir contigo lo que me afecta, sé que no estuviste ahí, pero al contártelo, vuelvo a ese momento, te siento a mi lado y me trasmites tu apoyo. Eres el faro que me resguarda de la tormenta, dentro de ti encuentro un cálido abrigo donde puedo desahogarme y descansar, en ti recupero mi energía para cuando vuelva el sol.

    Carlos Reeves

    18 Julio, 2022

    Safe Creative #2207191608208

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