LA CAÍDA DEL ESPÍRITU Y EL REGRESO DEL ÁGUILA

Tengo esa sensación de intranquilidad, me pongo de pie y camino por el pasillo sintiendo esa inquietud aumentar.

Pronto mi corazón palpita rápidamente y mi respiración se estremece. Ahora corro por el pasillo que se extiende al infinito y se revuelve en la oscuridad.

Llego a una puerta delineada por la luz del más allá.

Miro por el borde y del otro lado, hay un desierto debajo de un cielo nublado; puedo ver a una niña sentada con la mirada en el horizonte donde el desierto se parte y comienza un risco hacia la nada. La niña se pone de pie, golpeo la puerta para llamar su atención pero apenas dirige el oído.

Da un paso adelante y lentamente otro, da el siguiente y el próximo, hasta correr al horizonte y se lanza al risco con los brazos abiertos.

La puerta se abre de una vez, me apresuro a alcanzarla y me elevo en el viento. No la veo desde las alturas y temo lo peor; mi vista mejora y la encuentro. Mi cuerpo vibra al descender con velocidad.

La niña se sacude desmayada en el aíre, logro atraparla con las garras y abro las alas. La niña despierta, sube a mi lomo y me abraza del cuello recostándose en mí. finalmente nos dirigimos a nuestro destino.

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La intranquilidad se extiende en el infinito y se revuelve en la oscuridad. En el horizonte comienza el risco hacia la nada, doy un paso adelante y me dejo caer en picada, y extiendo las alas para ascender. PXMOR/Libro 1/S.III: La Caída del Espíritu y el Regreso del Águila.

Publicado por

Carlos Reeves

Soy como cualquier otro que le gusta leer y escribir, no estudié literatura y tampoco sé de grandes autores. La razón por la que comencé a escribir es porque desde niño tomaba esos cuadernos Scribe de hoja blancas y dibujaba todo el día. Esos personajes y escenarios empezaron a tener una narrativa, entonces tuve que escribir sus historias y saber dónde terminarían. Tengo problemas para concentrarme, si un colibrí vuela por mi ventana me la puedo pasar observando cómo se alimenta de las flores, incluso si se va, pareciera que me lleva con él a un mundo imaginario. Soy perfeccionista, escribir es un trabajo duro. Poseo una rivalidad contra las palabras y los renglones que conspiran en mi contra, paso horas editando y leyendo para aplacar su rebeldía. Antes me limitaba ocultarlos después de escribirlos, temía que lo leyeran y vieran semejante lío. Pero todo cambió cuando descubrí que hay personas que pasaron por las mismas rebeliones. Keanu Reeves, Steve Jobs y Scott Fitzgerald. Soy un soñador, no un escritor.

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