EL OCÉANO DE ESTRELLAS Y EL COMENTA QUE QUISO ALCANZARLAS

“Bajé a la oscuridad absoluta, en las profundidades donde él habita…”

Desmayado caigo como pluma en el abismo; del cielo descienden listones finos y luminosos. Amarran mi cuerpo y me jalan suavemente a la superficie risada. Cruzo la línea del océano hacia el firmamento y entro a un túnel con ventanas radiantes en luces doradas. En el camino la vitalidad de mi ser disminuye en el ascenso.

Del túnel sigue un valle de flores, el cielo es abierto y las nubes se concentran en un vórtice. Los listones se vuelven más cálidos y se transforman en un punto radiante que esparce llamaradas en forma de aros. Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre.

Mi viaje continúa por los caminos de roca hasta la biblioteca y libros son arrastrados en una tormenta de arena. Luego vienen las cloacas y me llevan al interior de la torre. Llego al templo donde suena el órgano de viento, hay velas rodeando el altar y escucho una voz que me llama del exterior.

Es medio día cuando salgo de la torre, el cielo está nublado y una atmósfera azul cae sobre el pueblo. Soplo el vaho en mis manos que apenas logro calentar en el invierno.
La campanilla de la puerta suena al entrar en la cafetería, la tabla del menú se refleja en la vitrina de postres, no hay nadie en el mostrador.
El césped del parque es rociado por aspersores y las gotas corren de sus puntas a la tierra, un par de mariposas revolotean entre los árboles y luego suben a las copas, unos cuantos rayos de sol escapan de las ramas y caen al suelo con pequeñas motas de luz.
El tenue brillo titila al sonido del proyector en la sala, la película se ambienta en el océano repleto de estrellas donde un cometa se desplaza en un punto luminoso.

Miro atrás y un brillo aparece al otro lado de la calle, pertenece al medallón de una joven sentada en la base de concreto y está recargada en el asta de la plaza. Su blusa es blanca y la falda gris, sus ojos son verdes y el cabello rizado color castaño.

—¿Dónde habías estado? —pregunté.
—No me he movido de aquí— palmea el concreto y me mira —¿Subirás?
Me siento junto a ella y desde ahí observamos los lugares que he visitado.
—Un Sueño— dijo ella
—Pero ¿quién?
—Yo, siempre que me encuentro aquí sentada —dijo con firmeza —Te veo caminar por esos lugares y luego desapareces en uno de ellos.
—No recuerdo este lugar.
—Bueno, es la primera vez que llegas a hasta aquí a mi lado— Se quita la medalla del cuello —Te lo obsequio.

En sus manos extiende la cadena y rodea mi cuello con sus brazos; su rostro está junto al mío y la beso, ella permanece conmigo hasta que abrocha la cadena, entonces se aparta con una sonrisa y de un salto se aleja de mí.

—¡Te estaré esperando! —grité a sus espaldas antes de que desapareciera al doblar la esquina; observo la medalla que es una cruz de Jerusalén.

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Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre. PXMOR/Libro 1/SUEÑO XV: EL OBSEQUIO

Publicado por

Carlos Reeves

Soy como cualquier otro que le gusta leer y escribir, no estudié literatura y tampoco sé de grandes autores. La razón por la que comencé a escribir es porque desde niño tomaba esos cuadernos Scribe de hoja blancas y dibujaba todo el día. Esos personajes y escenarios empezaron a tener una narrativa, entonces tuve que escribir sus historias y saber dónde terminarían. Tengo problemas para concentrarme, si un colibrí vuela por mi ventana me la puedo pasar observando cómo se alimenta de las flores, incluso si se va, pareciera que me lleva con él a un mundo imaginario. Soy perfeccionista, escribir es un trabajo duro. Poseo una rivalidad contra las palabras y los renglones que conspiran en mi contra, paso horas editando y leyendo para aplacar su rebeldía. Antes me limitaba ocultarlos después de escribirlos, temía que lo leyeran y vieran semejante lío. Pero todo cambió cuando descubrí que hay personas que pasaron por las mismas rebeliones. Keanu Reeves, Steve Jobs y Scott Fitzgerald. Soy un soñador, no un escritor.

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