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Sin compasión ni remordimientos, adiós lágrimas. El odio, la ira y la venganza son el objetivo.

¿En quién puedes confiar?

Yo respondería que en ti.

Hay que triunfar ante la traición, levántate y persevera. Sé la mejor versión de ti.

El amor se desvanece y el odio prevalece; sigue tus ideales jamás los abandones e impúlsate. Vence al enemigo silencioso que habita en tu espíritu, esos sentimientos ocúltalos y vivirás.

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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO I: Guerra Interior

La Voz En Las Tinieblas

LA NOCHE DEL DEMONIO

Cierro los ojos con el grilleo de la noche y me arrullan el oscilar de las ramas en el viento. Miro el cielo por la ventana y noto un vacío donde las estrellas se han apartado de la luna.

Envuelto en la oscuridad e ignorando todo sonido ajeno al grilleo, los insectos escuchan la voz que me llama.

Algo habita en las ramas y se asoma abrazado del tronco con garras y zarpas.

Desvía la mirada al cielo y sube a la copa del árbol con un paso lento, entonces desaparece en las hojas.


Tomados de la mano caminamos por las calles de la ciudad, es un lugar colonial ensombrecido por la tormenta que se aproxima. Sin decir palabra alguna recorremos las fachadas de acabados en cantera cálidamente iluminadas; ella me mira y sonríe.

El camino se vuelve más estrecho y los edificios se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y en el centro de todo, una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo y en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas que la abrazaban.

Ella dice que tiene que partir, insisto en acompañarla pero se rehúsa.

Comienza a dirigirse al interior cuando sujeto su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.

—Déjame ir contigo.

—Vuelvo pronto, yo te busco— libera su mano de mí y se aleja— Espera mi carta.

Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.

—Te necesito, te amo.

Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.

Algo se aproxima a nosotros.

—¡Que le has hecho! — grite ese algo solo me observa estático bajo la lluvia— ¿A qué has venido?

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PXMOR/Libro 1/ SUEÑO XII: La Noche del Demonio

LA CAÍDA DEL ÁGUILA Y EL REGRESO DEL ESPÍRITU

Algo me inquieta y tengo esa sensación de intranquilidad. Decido ponerme de pie y me dirijo al pasillo, como voy avanzando siento esa inquietud aumentar.

Algo esta mal…

Pronto mi corazón palpita con rapidez al igual que la respiración, ya no camino sino corro por el pasillo que se extiende al infinito y se revuelve en la oscuridad. Llego a una puerta delineada por la luz del más allá.

 Miro por el borde y del otro lado hay un desierto debajo de un cielo nublado, puedo ver a una niña sentada con la mirada en el horizonte donde el desierto se parte y comienza el risco hacia la nada. La niña se pone de pie; intento abrir la puerta y golpeo para llamar su atención, grito pero apenas dirige el oído. Da un paso adelante y lentamente otro, enseguida el siguiente y el siguiente, así continúa hasta correr al horizonte.

Se lanza al risco con los brazos extendidos.

La puerta se abre de una vez, al igual que la niña doy un paso adelante de otro tan rápido para alcanzarla, comienzo a despegarme del suelo y siento la resistencia del viento elevarme al cielo. Han pasado varios segundos desde que la niña saltó, al principio no la veo desde las alturas pero finalmente mi vista mejora y la encuentro; me dejo caer en picada al precipicio, mi cuerpo comienza a vibrar al surcar el viento a gran velocidad.

Desmayada la niña se sacude en el aire.

Entonces logro atraparla con las garras de mis patas y extiendo las alas para ascender, mientras vuelo la niña despierta, se aferra al plumaje y con ayuda sube a mi lomo donde se sienta, y pone las manos en mi cabeza dirigiéndonos a nuestro destino

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La intranquilidad se extiende en el infinito y se revuelve en la oscuridad. En el horizonte comienza el risco hacia la nada, doy un paso adelante y me dejo caer en picada, y extiendo las alas para ascender. PXMOR/Libro 1/S.III: La Caída del Espíritu y el Regreso del Águila.

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Mi mente y espíritu son opuestos a los tuyos; mis ojos están vendados y empuño una espada para cortar cada trozo de ti y restaurar la balanza. 

Estoy ciego y solo te escucho pedir audiencia.

Veo frágiles hormigas de cuerpos miserables, seducidas por la reina que ellas han coronado. Una reina radiante de ilusiones y adormecida por la melodía de los consejeros que la adornan. La reina de hoy es distinta a la del mañana, son las vestimentas el verdadero culto del reinado.

Los cielos se nublan sobre el reino y oscurecen el espejismo de su poder.

Un nuevo mundo se aproxima creado por hombre y mujer; mujeres y hombres a quienes les arrebataron la luz, vendrán como relámpagos dentro de una tormenta de cólera y dolor.

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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XIII: Espectros del Mañana

Un Mudo Oscuro y Miserable

MORADORES DE LAS CAVERNAS

Avanzamos en la penumbra de los túneles, las antorchas revelan suaves contornos en nuestras armaduras y en la marcha iluminamos el camino.

En este estrecho pasillo desciende la serpiente de fuego hacia el corazón de la montaña.

Los habitantes del pueblo pidieron nuestro auxilio y un primer grupo atendió el llamado. Pasaron semanas sin saber de ellos así que regresamos en mayor número a terminar la encomienda.

Meses atrás los mineros descubrieron una bóveda de cobre donde demonios son presos dentro de la montaña. En un principio los mineros los confundieron con figuras talladas en piedra pero despertaron al sentir la presencia humana, alzaron sus cuerpos altos y robustos de centelleantes miradas en tétricos rostros, con melenas enmarañadas y cuernos torcidos.

Las quimeras observaron a los mineros huir aterrados.

De pronto en su escape quedaron paralizados al oír la oleada de berridos que surgieron de las profundidades. Los mineros que lograron escapar sellaron el respiradero de la mina y oyeron los gritos de sus compañeros ahogarse en el interior.

Seguimos la oración en latín provenir en los túneles, como vamos acercándonos un resplandor de fuego se hace más intenso. En el descenso descubrimos a un monje arrodillado frente a la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado, aunque su armadura y cuerpo se carbonizaron, levanta la cabeza de su hombro para mirarnos, en ese instante desenvainamos las espadas.

¡Santos, retrocedan!

dijo el monje con rasposa voz y se pone de pie

¡Este es mi reino!

El monje arremete contra nosotros con espada en mano y pasos torpes, todos le abrimos camino, esquivamos sus ataques lentos y vagos mientras nos maldice. Ninguno se atreve a combatirlo, está loco pero es un hombre de Dios, uno de nosotros enviado en el primer grupo a preservar la fe de la expedición. Doy un paso lateral cuando se abalanza contra mí, el peso de la espada lo hace tambalear y con la punta se apoya para no caer, apenas se repone y gira el rostro en torno a nosotros, levanta alto el filo y, de un solo movimiento le amputo los brazos con el canto de mi espada. Cae al suelo y chilla retorciéndose cuando le atravieso el pecho, y a mi complacencia agito la hoja de lada a lada hasta reventar las costillas.

Limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros, me abro paso entre ellos y sigo el descenso a la bóveda de cobre.

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En la penumbra iluminamos el camino donde demonios son presos, de centelleantes miradas con melenas enmarañadas y cuernos torcidos. En el descenso descubrimos la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado. Un hombre de Dios, la fe de la expedición, le amputo los brazos con el canto de mi espada y le atravieso el pecho y limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros. PXMOR/Libro 1/Sueño VI