ST.VI MI LUNA

Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.

Toma el rumbo de la inmortalidad—dijo —aprende el camino de la soledad; compartamos juntos este árido sentimiento, el frío que observo en la tierra.

Entonces conservemos el calor de nuestros corazones.

¿Crees que podamos coexistir solo tú y yo?—pregunta.

Te amo como una parte de mí, tengo el deseo de darte la esencia de mí existencia como el fruto que me abriga todos los días.

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PXMOR/Libro 1/Sentimiento VI

EL SIGLO DE LAS QUIMERAS

El adoquín rojo se extiende en el segundo piso alrededor del patio central, camino por ese pasillo mientras veo a mis compañeros en clase de deportes, algo que acostumbro evitar para ocultarme en el mismo lugar, la biblioteca. Es raro ver a alguien ahí ni siquiera hay bibliotecario y es ideal para pasar tiempo a sólo.

Recorro los libreros hasta llegar a una ventana donde enciendo un cigarro y me asomo a la calle, alcanzo a ver los muros que limitan la preparatoria y el árbol de la banqueta cuya copa llega a la ventana, arranco una hoja y la dejo caer al suelo, da giros en espiral en el aire y antes de tocar, una corriente la eleva muy alto en el cielo. Las puertas rechinan al abrir y golpean suavemente en la pared, tiro el cigarro y me oculto. Entonces hay un silencio inusual, aquel que es creado por algo que perturba la resonancia natural de las cosas y se siente una atmósfera de “Aquello” evitando ser descubierto. Adopto el mismo silencio y me muevo entre los libreros recorriendo la mirada en el canto de los libros. Escucho la goma de las suelas rechinar en la duela, uno más ligero que el otro y distintos entre ellos; vienen susurros, carcajadas que no desean ser escuchadas y el golpe sobre una mesa que rechina al sacudirse.

En la mesa está una joven sentada al filo de la base, el cabello oculta su rostro y entre las piernas tiene la cabeza de “Algo” que abrazaba su cuerpo. Es inquietante como ella consigue enmudecer los gemidos a pesar del éxtasis su momento, hace todo lo posible para no emitir sonido alguno en el desahogo de su pasión.

“Ésa” cosa, “Ése” algo; se alza y la besa a la vez que le sujeta el brazo, le da la vuelta y la inclina encarando a la mesa. Ella carcajea nerviosa por un instante y decide devolverse pero “Ése” o “Ésa” la vuelve a someter en su lugar.

—¡Ay, espera! — reclamó al golpear la cabeza sobre la mesa —Lastimas— intenta retirarse pero apenas puede moverse.

“Ésa” o “Ése” levanta la falda de la joven, abre sus muslos y de la entrepierna brotan tentáculos que se aferran de ella; en la incierta forma andrógina de “Ése o Ésa” no distingo que cuerpo es penetrado. Lo que si tengo claro es la desesperación de la joven en quitarse a “Ésa o Ése” de encima, “Aquello o Aquella” “Ésa o Ése” que la lastima, “Él o Ella” quien la viola o se rapta a sí, un cuerpo diáfano y otro tangible se desintegran uno a otro.

En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Todo se vuelve sucio y nada es claro solo más confuso; yo estoy paralizado casi obligado a seguir observando y siento el dolor de la tristeza derrochar el calor de mi sangre.

“Ella o Él, Ése o Ésa, Aquella o Aquel…Él o Ella, Ésa o Ése, Aquel o Aquella.”

—¿Quién eres?

—…Esase— Respondió.

En ese instante la joven cae a los pies de Esase y se retuerce en el suelo con la mano a tientas en el ano, en ese momento el sangrado comienza a paralizarla y, al igual que una flor, lentamente se marchita hasta volverse un bulto tembloroso y sollozante. Esase le da un beso en la mejilla y se desvanece sin despegar los labios de ella.

No imagino la impresión que tiene cuando su mirada, nublada en lágrimas se dirige al pasillo y descubre que estoy ahí; entonces limpia sus pestañas y me mira a los ojos.

—¿Por qué estás aquí? —dijo— Es una pesadilla.

—No, es real—respondí.

—¡Cállate! —oculta el rostro—Nadie sabe, sólo yo y nadie más, nunca pasó. Tú no estás aquí, tu no existes aquí.

Cuando ella vuelve a levantar la cabeza, se encuentra en un pastizal de un verde radiante a la luz del cielo cristalino, no siente dolor y viste una manta de un blanco impecable.

Y entonces descubre que ya no estoy ahí.

—Lo siento—dijo.

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PXMOR/Libro 1/Sueño VI

EL REY DE TODAS LAS BESTIAS

Recuerdo una torre de cantera construida frente a mí, alta de forma ojival y oscuros relieves. Su lanza divide el horizonte del cielo, la punta afilada parte la densa nube que oculta la luna, y en cada corte, los rayos delinean los surcos de la fachada.

Las puertas de madera están abiertas a la distancia de un cuerpo, la luz interior dibuja un resplandor suave, cálido y palpitante; siento cada onda irradiar hacia mí y envolver la anterior al desvanecerse.


El rosetón de un Ojo corona el portal con arrogante mirada puesta en los alrededores.


Sobre de él hay una inscripción desgastada; mi vista se desvanece cuando intento leer, parece decir Εσασε. En cada extremo del rosetón surgen figuras simétricas extendidas en numerosos huesos, luego en plumas y después en alas que finalmente, como ave muerta forman la base de la torre.

Me encuentro sentado con la mirada cubierta por el filo de la capucha, veo mis brazos ocultos por la túnica púrpura de bordados dorados; mis manos transpiran al empuñar algo debajo de mis mangas. Junto a mí hay hombres encapuchados atentos al altar, tengo la impresión de haber despertado de un sueño mientras algo sucede en aquella dirección. Levanto la cabeza al escuchar el llanto de una joven, está embarazada y es arrastrada por dos hombres, ella se resiste a caminar y lucha por liberarse.

Hay algo familiar en ella, siento haberla visto antes.


La alzan desnuda sobre el altar y ofrecen su pecho al cielo.


Del mismo lugar de donde la trajeron, otra mujer camina a ella desde el umbral, su túnica es como la mía, usa una corona de plumas forjada en bronce y con la mirada sigue su palma al recorrer el cuerpo desnudo de la joven, se detiene en el vientre y presiona los dedos sobre la piel, y de un golpe clava la hoja de su puñal.

El grito me levanta de un impulso, los hombres a mi lado intentan detenerme y aunque tienen toda la fuerza para someterme, los acuchillo con el par de dagas ocultas en las mangas, como reflejo apuñalo a todos los que se abalanzan en mi contra.

Abro paso cortando y atravesando a quien se cruce.

Sus gritos son llamados dolorosos que vibran en mi cabeza, siento la rabia emerger del pecho y consumir el miedo que siento.

Nada me detiene, ni siquiera me importa perder las dagas, no hay dolor.

Mato todo lo que está a mi alcance.


Yo deseo más.


Siento un cosquilleo brusco en los labios, mi quijada se abre con colmillos y me arrojo a la carne; rasgo cuerpos con las garras desmembrando huesos y entrañas en cada zarpazo.

Estoy lleno de la fuerza que se alimenta de la braza ardiente en mi pecho y arranco sus rostros aterrados del cráneo; en ese momento me siento alto y poderosos.

Capturo a la mujer de la corona, meto su cabeza en mi hocico y la exprimo hasta sentir la sangre chorrear. Agachado en el altar saboreo mi presa y veo como huyen de mí; disfruto mucho escuchar sus gritos y lamentos.


¡Soy quien sacrifica sus vidas… Mí venganza!


El cuerpo de la joven está tirado tal y como había caído al suelo, y en su rostro se congeló el horror que sufrió. Agitado la observo con el corazón retumbando en todo mi cuerpo, puedo sentir el pulso de la sangre y el vapor de mi jadeo. Sostengo a la joven en mis brazos y arrodillado en el altar la corono con las plumas de bronce.

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ABRE TUS OJOS Y MÍRAME OTRA VEZ

Hazlo como en las mañanas cuando despertaba a tu lado.

Grito llamando a alguien pero no veo a quien.

Estoy solo…

Nadie viene al valle del zorro

Camino por la colina moteada de colores, oleadas de viento agitan las flores y desprenden su fragancia.

Estoy inmerso en una neblina

Exhausto y cabizbajo levanto la mirada hacia el camellón de la avenida, hay un árbol de amplias ramas que cruzan la calle y dan sombra en la parada donde me encuentro.

El autobús se detiene con el rechinido de los frenos y la vibración de sus láminas; el aire comprimido silba y se abre la puerta. Pago el pasaje y camino por el pasillo que resplandece a la luz de las ventanas, cada línea áurea inhala alejando el brillo de los asientos y exhala suavemente devolviendo la intensidad de su rayo.

Todos excepto uno, aquel donde está la mujer del suéter negro con cuello de cisne.

—¡Es ella!

Está sentada con su mirada abandonada en el vacío; me acerco buscando sus ojos verdes pero ella se rehúsa a verme y sentado a su lado tomo sus manos.

—Te extraño—dijo.

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PXMOR/Libro 1/SUEÑO XII: EL ÚLTIMO AUTOBÚS DE LOS RECUERDOS

EL OCÉANO DE ESTRELLAS Y EL COMENTA QUE QUISO ALCANZARLAS

“Bajé a la oscuridad absoluta,
en las profundidades donde él habita…”

Desmayado caigo como pluma en el abismo; del cielo descienden listones finos y luminosos.

Amarran mi cuerpo y me jalan suavemente a la superficie risada. Cruzo la línea del océano hacia el firmamento y entro a un túnel con ventanas radiantes en luces doradas.

En el camino la vitalidad de mi ser disminuye en el ascenso.

Del túnel sigue un valle de flores, el cielo es abierto y las nubes se concentran en un vórtice. Los listones se vuelven más cálidos y se transforman en un punto radiante que esparce llamaradas en forma de aros.

Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre.

Mi viaje continúa por los caminos de roca hasta la biblioteca y libros son arrastrados en una tormenta de arena.

Luego vienen las cloacas y me llevan al interior de la torre. Llego al templo donde suena el órgano de viento y hay velas rodeando el altar.

Escucho una voz que me llama del exterior.

Es medio día cuando salgo la torre, el cielo está nublado y una atmósfera azul cae sobre el pueblo. Soplo el vaho en mis manos que apenas logro calentar en el invierno.

La campanilla de la puerta suena al entrar en la cafetería, la tabla del menú se refleja en la vitrina de postres, no hay nadie en el mostrador.

El césped del parque es rociado por aspersores y las gotas corren de sus puntas a la tierra, un par de mariposas revolotean entre los árboles y luego suben a las copas, unos cuantos rayos de sol escapan de las ramas y caen al suelo con pequeñas motas de luz.

El tenue brillo titila al sonido del proyector en la sala, la película se ambienta en el océano repleto de estrellas con escenas de planetas y nebulosas.

Un cometa que se desplaza en un punto luminoso.

Miro atrás y un brillo aparece al otro lado de la calle. Pertenece al medallón de una joven sentada en la base de concreto y se ha recargado en la asta de la plaza.

Su blusa es blanca y la falda gris, sus son ojos verdes y el cabello rizado color castaño.

—¿Dónde habías estado? —Pregunté.

—No me he movido de aquí— palmea el concreto y me clava la mirada— ¿Subes?

Desde ahí observamos juntos los lugares que he visitado.

—Un Sueño— dijo ella

—Pero ¿quién?

—Yo—dijo con firmeza—Siempre me encuentro aquí sentada. Te veo caminar por esos lugares y luego desapareces en uno de ellos—

—No recuerdo este lugar.

—Bueno, es la primera vez que llegas a hasta aquí. Junto a mi— Se quita la medalla del cuello —Te lo obsequio.

En sus manos extiende la cadena y rodea mi cuello con sus brazos; su rostro está junto al mío y la beso, ella permanece conmigo hasta que abrocha la cadena, entonces se aparta con una sonrisa y de un salto se aleja mí.

—¡Te estaré esperando! —grité a sus espaldas antes de que despareciera al doblar la esquina; observo el medalla. Es la cruz de Jerusalén.

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 PXMOR/Libro 1/SUEÑO XV: EL OBSEQUIO

LA GUERRA DEL ÁGUILA

Hace frío en las cloacas, la humedad de las paredes y el sonido de las gotas revientan en el pasillo.

Camino por el piso resbaloso apoyado de la pared hasta el final del túnel y llego a una bóveda donde todos los túneles se juntan, no sé si son entradas o salidas, pero es igual a un laberinto.

Cuando bajo las escaleras escucho voces circular desde el fondo de la bóveda, los escalones son cortos y con los dedos me agarro de las salientes en la pared.

Descubro un pasillo iluminado con lámparas cálidas que a mis pasos titilan antes de fundirse. Observo un grupo de jóvenes de trajes blancos reunidos en la fogata y armados con sables, escuchan a su líder que los ha reunido.

Intento ver su rostro pero se desvanece con el sonido de su voz.

—¡Oye tú! —dijo el líder al descubrirme detrás del grupo, los demás voltean con rostros enmascarados por la oscuridad.

Doy media vuelta pero un insulto más me hace golpearlo. El grupo levanta sus armas y se lanzan sobre mí, corro por el túnel con toda la fuerza que tengo, el aire comienza a hacerme falta y pronto las piernas dejan de responder, la salida es imposible de hallar en este laberinto subterráneo y siempre termino en una bóveda con más túneles.

Los ruidos de mis perseguidores desaparecen, creo que los he perdido, pero descubro a uno buscando en la oscuridad, la silueta se ve a contra luz y brilla la hoja de su sable; está de espaldas.

Avanzo lentamente, siento la empuñadura de la daga que sostengo, me aproximo con cautela y lo apuñalo en el cuello, espalda y estómago.

Caigo al suelo, veo su cuerpo tirado junto a mí y lo empujo al arroyo de la cloaca. Agarro el sable y en la oscuridad me deslizo listo para enfrentar al enemigo; entonces siento un golpe en el cuello y enseguida un chorro de sangre escapa cuando intento detener el sangrado, la vista se vuelve difusa con pequeños destellos de nitidez en cada golpe que recibo.


—¡Cúbranse! —Grita alguien cuando un proyectil explota cerca de mi. Estoy por levantarme cuando miembros del pelotón abren fuego contra el edificio frente a nosotros, carros blindados disparan de sus torretas, soldados se abren paso en el fuego cruzado para llegar a la entrada, incluso hay un par de tanques listos para disparar; la guerra se desata y el capitán pide el apoyo de helicópteros para combatir a las fuerzas del interior.

El águila ondea en la asta de la plaza de armas con el verde, blanco y rojo, en un cielo oscuro resplandece en llamas. 

Nuestras fuerzas pierden el combate, los soldados caen y se repliegan, los carros explotan uno a uno. Escucho un grito en la plaza.

Una mujer abraza a su hija cubriéndose del tiroteo.

Recorro la plaza por los escombros evitando las balas, llego a ellas y trato de tranquilizarlas, busco un camino para lograr escapar cuando  el zumbido denso de un proyectil impacta junto a nosotros. Los ruidos desparecen, la bandera se incendia al mismo tiempo que la asta se dobla suavemente, en esos momentos cuando agonizo las cosas son sutiles y nostálgicas, es el tiempo suficiente para retener esa imagen y llevarla contigo.

Un moribundo tendrá la hermosa escena de sus familiares antes partir.

Yo veo el horror, el fin de una nación ultrajada.

Apenas tengo fuerza para girar la cabeza y veo el cuerpo de la niña separado de su madre, hay algo familiar en ella, no la reconozco pero siento conocerla.

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PXMOR/Libro 1/SUEÑO II: MUÉSTRAME A UN HÉROE QUE HAYA MUERTO ACOMPAÑADO DE SUS ALIADOS

Soy un soñador, no un escritor

¡Hola! Me da gusto hayas venido, imagino que quieres conocerme, pero te equivocas si esperas el extracto de la biografía de mi vida, solo te diré lo que realmente necesitas saber.

Lo primero es que no soy Carlos Reeves, soy el mundo que existe en su interior y creé este sitio para llegar a él.

Soy como cualquier otro que le gusta leer y escribir, no estudié literatura y tampoco sé de grandes autores.

La razón por la que comencé a escribir es porque desde niño tomaba esos cuadernos Scribe de hoja blancas y dibujaba todo el día. Esos personajes y escenarios empezaron a tener una narrativa, entonces tuve que escribir sus historias y saber dónde terminarían.

Tengo problemas para concentrarme, si un colibrí vuela por mi ventana me la puedo pasar observando cómo se alimenta de las flores, incluso si se va, pareciera que me lleva con él a un mundo imaginario.

Soy perfeccionista, escribir es un trabajo duro.

Poseo una rivalidad contra las palabras y los renglones que conspiran en mi contra, paso horas editando y leyendo para aplacar su rebeldía. Antes me limitaba ocultarlos después de escribirlos, temía que lo leyeran y vieran semejante lío.

Pero todo cambió cuando descubrí que hay personas que pasaron por las mismas rebeliones. Keanu Reeves, Steve Jobs y Scott Fitzgerald.

Soy un soñador, no un escritor.

Claro que deseo lectores, premios y escuchar aplausos en la presentación de mis obras en la Feria internacional de libro en mi ciudad, y todo ese reconocimiento de mi talento, pero como dice mi prima Caro “Un paso a la vez”.

Escribo porque es el camino para llegar en mi, encontrarme y ser uno otra vez.

Yo no voy a ti, te invito que a vengas a mí.

El Zorro Extraviado

Soy un explorador de los sentimientos, la ciencia, la mente, la aventura, la muerte y sobre todo de Dios. Es aquí donde encuentro un nicho para narrar la relación humana que lastiman mi espíritu y la paz de mi conducta, los sentimientos íntimos de nuestras diferencias, la lucha de hacer el bien y encontrar la redención en ello.

La maldad de aquella persona puedo ser mía y existe una frontera en la que todos podemos sanar.

Esa no es mí historia…