IDILIO DE UNA IDEA

Poseo una gran obsesión, le tengo tanto cariño y me angustia estar apartado de ella.

De nuevo cruza en mi camino y pienso en apartarme.

Recuerdo el día en que no quise acompañarla y dentro de mí me insistí, al principio titubeé pero al final lo volví a intentar.

CARLOS REEVES ’05
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO VII: Martirio

FAETÓN

Existe una torre en la luna con forma de lanza, es de piedra y acabados simétricos que nacen del arco. En el centro hay un rosetón de colores violeta y azules. La entrada es una cavidad con puertas de madera grabadas y es custodiada por dos ángeles. Hombres, mujeres y niños caminan al interior.

Me encuentro en una colina acompañado de una mujer tomados de la mano.

—Tengo que ir. —Le dije mirando sus temblorosos ojos.

Besa mi mejilla y suelta mi mano. Camino a la torre y me reúno con los marchantes; ella espera en la colina.

En la entrada uno de los ángeles me impide el paso y clava la mirada en mí. Sale un tercer ángel.

—¿Qué deseas? —su voz hizo eco en el viento.

—Quiero verlo. —respondí.

—¡Retrocede! —dijo.

—¿Porque he de moverme? Soy imagen y semejanza, más noble que tú. ¡Déjame pasar!

El ángel se aparta y se desvanece en el interior.

Subo por las escaleras donde los gritos y lamentos en las tinieblas me hacen estremecer. Me siento exhausto y la vista se me nubla, antes de que todo fuera oscuridad apareció el tercer ángel, y me lleva en sus brazos. Flotamos en el cielo hacia las nubes que revelan la bóveda del universo; pude distinguir tres figuras de radiante calidez.

Mi cuerpo arde en llamas y se esparce en hojuelas de polvo.

          —Polvo eres y polvo serás. —dijo.

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Camino a la torre hasta reunirme con los marchantes mientras ella espera en aquella colina. Hombres, mujeres y niños caminan al interior de la torre. Subo por unas escaleras oscuras y escucho gritos en el camino, en los escalones tropiezo con cuerpos chamuscados. PXMOR/Libro 1/Sueño IX: La torre del centinela

MI LUNA

Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.

—Toma el rumbo de la inmortalidad —dijo —aprende el camino de la soledad; compartamos juntos este árido sentimiento, la amargura que observo en la tierra.

Conservemos el calor de nuestros corazones.

—¿Crees que podamos existir solo tú y yo? —pregunta.

Te amo como una parte de mí, deseo darte la esencia de mí existencia como el fruto que me abriga todos los días.

Carlos Reeves ’05
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PXMOR/Libro 1/Sentimiento VI