ABRE TUS OJOS Y MÍRAME OTRA VEZ

Hazlo como en las mañanas cuando despertaba a tu lado.

Grito llamando a alguien pero no veo a quien.

Estoy solo…

Nadie viene al valle del zorro

Camino por la colina moteada de colores, oleadas de viento agitan las flores y desprenden su fragancia.

Estoy inmerso en una neblina

Exhausto y cabizbajo levanto la mirada hacia el camellón de la avenida, hay un árbol de amplias ramas que cruzan la calle y dan sombra en la parada donde me encuentro.

El autobús se detiene con el rechinido de los frenos y la vibración de sus láminas; el aire comprimido silba y se abre la puerta. Pago el pasaje y camino por el pasillo que resplandece a la luz de las ventanas, cada línea áurea inhala alejando el brillo de los asientos y exhala suavemente devolviendo la intensidad de su rayo.

Todos excepto uno, aquel donde está la mujer del suéter negro con cuello de cisne.

—¡Es ella!

Está sentada con su mirada abandonada en el vacío; me acerco buscando sus ojos verdes pero ella se rehúsa a verme y sentado a su lado tomo sus manos.

—Te extraño—dijo.

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PXMOR/Libro 1/SUEÑO XII: EL ÚLTIMO AUTOBÚS DE LOS RECUERDOS

EL OCÉANO DE ESTRELLAS Y EL COMENTA QUE QUISO ALCANZARLAS

“Bajé a la oscuridad absoluta,
en las profundidades donde él habita…”

Desmayado caigo como pluma en el abismo; del cielo descienden listones finos y luminosos.

Amarran mi cuerpo y me jalan suavemente a la superficie risada. Cruzo la línea del océano hacia el firmamento y entro a un túnel con ventanas radiantes en luces doradas.

En el camino la vitalidad de mi ser disminuye en el ascenso.

Del túnel sigue un valle de flores, el cielo es abierto y las nubes se concentran en un vórtice. Los listones se vuelven más cálidos y se transforman en un punto radiante que esparce llamaradas en forma de aros.

Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre.

Mi viaje continúa por los caminos de roca hasta la biblioteca y libros son arrastrados en una tormenta de arena.

Luego vienen las cloacas y me llevan al interior de la torre. Llego al templo donde suena el órgano de viento y hay velas rodeando el altar.

Escucho una voz que me llama del exterior.

Es medio día cuando salgo la torre, el cielo está nublado y una atmósfera azul cae sobre el pueblo. Soplo el vaho en mis manos que apenas logro calentar en el invierno.

La campanilla de la puerta suena al entrar en la cafetería, la tabla del menú se refleja en la vitrina de postres, no hay nadie en el mostrador.

El césped del parque es rociado por aspersores y las gotas corren de sus puntas a la tierra, un par de mariposas revolotean entre los árboles y luego suben a las copas, unos cuantos rayos de sol escapan de las ramas y caen al suelo con pequeñas motas de luz.

El tenue brillo titila al sonido del proyector en la sala, la película se ambienta en el océano repleto de estrellas con escenas de planetas y nebulosas.

Un cometa que se desplaza en un punto luminoso.

Miro atrás y un brillo aparece al otro lado de la calle. Pertenece al medallón de una joven sentada en la base de concreto y se ha recargado en la asta de la plaza.

Su blusa es blanca y la falda gris, sus son ojos verdes y el cabello rizado color castaño.

—¿Dónde habías estado? —Pregunté.

—No me he movido de aquí— palmea el concreto y me clava la mirada— ¿Subes?

Desde ahí observamos juntos los lugares que he visitado.

—Un Sueño— dijo ella

—Pero ¿quién?

—Yo—dijo con firmeza—Siempre me encuentro aquí sentada. Te veo caminar por esos lugares y luego desapareces en uno de ellos—

—No recuerdo este lugar.

—Bueno, es la primera vez que llegas a hasta aquí. Junto a mi— Se quita la medalla del cuello —Te lo obsequio.

En sus manos extiende la cadena y rodea mi cuello con sus brazos; su rostro está junto al mío y la beso, ella permanece conmigo hasta que abrocha la cadena, entonces se aparta con una sonrisa y de un salto se aleja mí.

—¡Te estaré esperando! —grité a sus espaldas antes de que despareciera al doblar la esquina; observo el medalla. Es la cruz de Jerusalén.

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 PXMOR/Libro 1/SUEÑO XV: EL OBSEQUIO

NO ES PERFECTA, MÁS ES AUTÉNTICA

[¡Oye! No te puedo contactar por teléfono.

El domingo nos juntaremos todos los de la secundaria…

            Tienes que ir jajaja, a las 5pm en Plaza Galerías.

            Nos vemos]

Recibí su mensaje en facebook al día siguiente que soñé con ella.

Hacía tiempo que no me reúno con los compañeros de la secundaria, pero la realidad es ella la causa de mis nervios.

Decido llegar antes de la hora y me ubico en un lugar distante del punto de reunión. Aunque me llevaba bien con todos, solo son unos cuantos con quien realmente puedo platicar sin sentirme comprometido, y soportar esos molestos silencios.

Espero en una banca y aparento escribir en el celular para lanzar ligeras miradas. Dan las 5pm y hasta entonces no hay señales de ella ni de los otros, así que decido ir al punto de encuentro a la vista de todos. Pienso si me equivoque de día, o peor, de hora.

“Estoy varado como gato en la duda.”

Si llegué tarde y todos se fueron siguiendo el plan, tendré que encontrarlos en la plaza o contactar a mi amiga para vernos, eso o evitarme la pena y retirarme.

Me dedico a mirar rostros con la posibilidad de encontrar uno familiar, me imagino observándome desde aquella banca y lo despistado que me veo en la entrada, como el último jugador en la banca.

En fin, estoy atrapado y mi única esperanza es haber confundido el día.

 “¿Qué rayos sucede, dónde están?”

Son las 5:30 cuando ella sale de la plaza a mi encuentro, con sus ojos verdes y sonrisa felina me abraza, ella es un poco más pequeña así que su cabeza me queda a la altura del cuello y puedo percibir el mentolado aroma de su cabello negro.

La verdad no recuerdo de que tanto hablamos esa tarde, supongo que fue agradable por nuestras miradas y carcajadas

Cuarenta minutos después llega uno de los ellos, saluda a mi amiga y para sorpresa no me recuerda, hasta entre cierra los párpados como si esperase que le dé prueba de ser compañeros en aquel años atrás. No le doy importancia y sonrío.

Llega su mejor amiga y con un beso me reconoce, viene acompañada por otra chica de la secundaría, y al igual que el otro no supo quién soy.

            —Me da igual.

Esperamos hasta que entendimos que somos todos. Me siento mal por ella, solo pocos vinieron.

Fue de las más populares en la secundaria y no por la baratería de ser la “sexy” del plantel.

             —Lo siento, es cierto. No hay estafa más grande que la popularidad por la belleza de la juventud.

Ella es todo lo contrario, por supuesto que es linda de facciones finas y suaves, labios gatunos y orejas que se asoman en su cabello lacio. Su piel es clara sin llegar a ser blanca, delgada con un trasero pequeño y firme como durazno; me es difícil de describir, a veces parece grande o pequeño, caído o levantado y formas de ese tipo, creo que todo depende su ropa.

Lo mismo sucede con sus pechos que son como un par mantecadas caídas en los costados.

            —Solo falta leche para desayunar con ella.

“No es perfecta, más es auténtica en todo su ser.”

Estoy seguro que la razón de su popularidad es por su personalidad, se adaptaba muy bien a las bolas; un día podía hablar de videojuegos, tableros de juego, historietas y otro día la veía en la cancha de baloncesto o de voleibol.

Era pésima estudiante y más de una vez la tuve que sacar de algún apuro en prefectura.

Realmente no estoy seguro de cuando comenzamos a juntarnos, pero si el día que nos conocimos.

Fue el día que el balón de volei cayó al pasto y rodó hacia mí, donde dormía.

            —¡Oye! ¿Me pasas el balón?

Apenas levanto los brazos de los ojos y la veo parada en la cancha con su uniforme blanco, detrás de ella todos esperan que yo haga lo que dijo.

            —Ven tú.

            —¡Por favor! —con las manos en la cintura.

            —No soy tu maldito bolero. —volví a cubrir mis ojos.

“Aún siento su presencia ahí parada.”

            —Olvídalo—escucho a uno de los jugadores—Me cae que ni la llega contigo.

Apenas veo de reojo y lo encuentro al otro lado de la cacha. Me levanto y tomo le mentado balón.

            —Aguas ya se enojó. —se burló acompañado de las carcajadas de los demás, incluso ella cubre su boca para reír.

Aviento la bola frente a mí y salto golpeándola en el aire, sale disparada hasta el otro lado de la red sobrepasando a los jugadores y cae en picada, el tipo que gritó se lanza sin éxito y la pelota cae de la cancha.

No fue el mejor de todos los tiros, estaba más animado a pegarle al tipo que hacer la jugada.

“Fue lo suficiente para impresionarlos.”

Compramos café en la Flor de Córdoba y vagamos por la plaza sin rumbo en la corriente de gente embrutecida por las compras.

Entonces mi amiga propone ir al billar, creí que eso elevaría los ánimos, pero fue todo lo contrario, cada uno saca un pretexto para no ir.

“Vale ¿entonces a que han venido? “

Así que vamos solos al billar, la pasamos muy bien y nos divertimos mucho; pedimos papas a la francesa y sodas, y dividimos la cuenta

Ella me gana dos de tres juegos en el billar y después pasamos a un juego de pistolas en el arcade, formamos equipo contra los zombies que intentan matarnos, si lograban vencernos, entonces iniciaremos separados en algún punto del juego hasta reuniros.

Ya en la noche intercambiamos números y nos despedimos, los dos tomamos el mismo autobús solo que en direcciones opuestas de la ciudad, entonces esperábamos cada uno en su parada, ella frente a mí separados por la avenida.

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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XV: Mirada Felina

LA NOCHE DEL DEMONIO

Cierro los ojos con el grilleo de la noche y me arrullan el oscilar de las ramas en el viento. Miro el cielo por la ventana y noto un vacío donde las estrellas se han apartado de la luna.

Envuelto en la oscuridad e ignorando todo sonido ajeno al grilleo, los insectos escuchan la voz que me llama.

Algo habita en las ramas y se asoma abrazado del tronco con garras y zarpas.

Desvía la mirada al cielo y sube a la copa del árbol con un paso lento, entonces desaparece en las hojas.


Tomados de la mano caminamos por las calles de la ciudad, es un lugar colonial ensombrecido por la tormenta que se aproxima. Sin decir palabra alguna recorremos las fachadas de acabados en cantera cálidamente iluminadas; ella me mira y sonríe.

El camino se vuelve más estrecho y los edificios se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y en el centro de todo, una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo y en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas que la abrazaban.

Ella dice que tiene que partir, insisto en acompañarla pero se rehúsa.

Comienza a dirigirse al interior cuando sujeto su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.

—Déjame ir contigo.

—Vuelvo pronto, yo te busco— libera su mano de mí y se aleja— Espera mi carta.

Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.

—Te necesito, te amo.

Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.

Algo se aproxima a nosotros.

—¡Que le has hecho! — grite ese algo solo me observa estático bajo la lluvia— ¿A qué has venido?

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PXMOR/Libro 1/ SUEÑO XI: La Noche del Demonio