LAS HERIDAS QUE NOS APARTAN

Me encuentro en la obra negra de un edificio, todo quedó en concreto con columnas y techos sin detalles; es un lugar que transmite cierta melancolía de un sueño que comenzó y finalmente fue abandonado por el soñador; o como suele pasar, lo obligaron a dejarlo.

Aun así el esqueleto de esta torre, tiene la mejor vista a un horizonte de tierra fértil y deseosa de ser cultivada. Es una sensación que vibra en el pecho a como voy subiendo por sus oscuros escalones; sigo el resplandor que logra filtrarse del piso superior.

El paisaje de la tierra se va revelando cuando supero cada nivel de la estructura, puedo sentir esa atmósfera que me ensombrece y que voy adoptando.

Ella me sorprende cuando miro atentamente la línea que separa el cielo y la tierra, sus pasos en las escaleras hacen que me dé la vuelta. Se detiene y por un instante me mira de reojo sobre su hombro.

—Prometí esperarte. —dije.

Ella inclina su cabeza observando el vacío, entonces arrastra la vista y mira el camino que le espera al final de las escaleras, y continúa subiendo sin expresar palabra alguna.

La sigo a sus espaldas hasta llegar a la azotea y se para en el borde de la torre. Decidí mantener la distancia.

—En cada sueño sabes donde encontrarme. —dijo extendiendo la pierna fuera del borde y de su pie sostiene su zapatilla con la punta de sus dedos.
—Ven, no te vayas —aprovecho para acercarme pero me detengo cuando deja caer la zapatilla —¿Por qué huyes cuando te encuentro?
Da la vuelta, me observa fijamente con sus ojos inexpresivos y se deja caer al precipicio.
—No te dejaré ir. — dije en el momento que logré sujetarla del brazo.

La ayudo a subir y nos sentamos en el borde. Ella permanece agitada con la mirada en el suelo, cuando recupera el aliento voltea hacia mí.

—¿Lo arruinarás? —dijo.
—No —respondí agitando la cabeza —¿Y tú?
—Tampoco. — dijo con una ligera sonrisa.

Ella se levanta y recorre la azotea de la torre merodeando sus rincones, esta vez la dejé por su cuenta. Se detiene a observar el horizonte. El sol ilumina las enormes copas de los árboles en el bosque y su hermosa figura con su cabello agitado por el viento.

—Nuestras vidas siempre han estado envueltas por la decepción. —dije.
—¿Por qué me hablas como si entendieras lo que he vivido?
—Yo estuve ahí, en cada uno de tus sueños te vi y también lo he sentido, tú lo haz visto —respondí —Te he seguido hasta aquí donde todo termina para volver a ti.
—Este lugar es tuyo como mío —entonces hace una pausa y agacha la cabeza para escarbar en sus pensamientos —¿Quiénes somos? ¿Por qué siempre nos encontramos?

También tengo las mismas preguntas pero si está es nuestra creación y la usamos para encontrarnos es porque podemos estar juntos.

Obra Protegida
Todos los derechos reservados

CUANDO LAS GAVIOTAS VUELAN

Mis hermanos nadan en el mar mientras estoy sentado en la arena acompañado de mis perros, mi padre toma una cerveza y ayuda a mi madre a preparar el ceviche.

Decido entrar al mar hasta pasar el reventadero de olas apartado de mis hermanos, nado unos metros y me zambullo en las profundidades. Descanso flotando de muertito y veo un par de gaviotas pasar en el cielo. Vuelvo a nadar a la orilla pero estoy atrapado por una corriente y una ola se levanta a mis espaldas. Sigo nadando para escapar de ella y llamo a mis hermanos que juegan en la orilla, pedí auxilio a mis padres pero siguen preparando la comida.

Mi madre les habla a comer pero a mí jamás me llamó; solo mis perros me observan sentados en la arena. La ola revienta y me arrastra mar adentro revolcándome en el interior.

Momentos después estoy en la playa, intento reponerme y en cuanto logro levantarme la ola cae sobre mí, de nuevo me jala dentro de ella; fue en ese momento cuando el mar decidió no devolverme a la playa.

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PXMOR/Libro 1/Sueño XIV: Ciclos

IDILIO DE UNA IDEA

Poseo una gran obsesión, le tengo tanto cariño y me angustia estar apartado de ella.

De nuevo cruza en mi camino y pienso en apartarme. Recuerdo el día en que no quise acompañarla y dentro de mí me insistía, al principio titubeé pero al final lo volví a intentar.

CARLOS REEVES ’05
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO VII: Martirio

FAETÓN

Existe una torre en la luna en forma de lanza, es de piedra con molduras y acabados simétricos que nacen del arco, en el centro tiene un rosetón de colores violeta y azules. La entrada es una cavidad con puertas de madera grabadas y es custodiada por dos ángeles. Hombres, mujeres y niños caminan al interior de la torre.
Me encuentro en una colina acompañado de una mujer tomados de la mano, su rostro es familiar.

—Tengo que ir. Tengo que entrar a la torre. —le dije mirando sus temblorosos ojos.

Ella besa mi mejilla y suelta mi mano.

Camino a la torre hasta reunirme con los marchantes mientras ella espera en aquella colina. En la entrada uno de los ángeles me impide el paso y con recelo clava sus ojos en mí.
De la torre sale un tercer ángel.

—¿Qué deseas? —su voz hizo eco en el viento.
—Quiero verlo —respondí.
—¡Apártate! —dijo.
—¿Por que he de moverme? Soy imagen y semejanza, más noble que tú. ¡Déjame pasar!

El ángel se aparta y se desvanece en el interior de la torre.

Subo por unas escaleras oscuras escuchando gritos en el camino y en los escalones tropiezo con cuerpos chamuscados. Me siento exhausto y la vista se me nubla, antes de que todo fuera oscuridad apareció el tercer ángel, me carga en sus brazos y me lleva lejos de las escaleras, flotamos en el cielo hacia las nubes que en nuestro viaje se van abriendo y revelan la bóveda del universo; continuamos en el ascenso y pude distinguir tres figuras de radiante calidez, son tan cegadoras que mi cuerpo arde en llamas hasta que lentamente se esparce en hojuelas de polvo en sus brazos.

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Camino a la torre hasta reunirme con los marchantes mientras ella espera en aquella colina. Hombres, mujeres y niños caminan al interior de la torre. Subo por unas escaleras oscuras y escucho gritos en el camino, en los escalones tropiezo con cuerpos chamuscados. PXMOR/Libro 1/Sueño IX: La torre del centinela

MI LUNA

Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.

Toma el rumbo de la inmortalidad—dijo —aprende el camino de la soledad; compartamos juntos este árido sentimiento, el frío que observo en la tierra.

Entonces conservemos el calor de nuestros corazones.

¿Crees que podamos coexistir solo tú y yo?—pregunta.

Te amo como una parte de mí, tengo el deseo de darte la esencia de mí existencia como el fruto que me abriga todos los días.

Carlos Reeves ’05
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PXMOR/Libro 1/Sentimiento VI

EL SIGLO DE LAS QUIMERAS

El adoquín rojo se extiende en el segundo piso alrededor del patio central, camino por ese pasillo mientras veo a mis compañeros en clase de deportes, algo que acostumbro evitar para ocultarme en la biblioteca. Es raro ver a alguien ahí, ni siquiera hay bibliotecario, y es ideal para pasar tiempo solo.

Recorro los libreros hasta llegar a una ventana donde enciendo un cigarro y me asomo a la calle, alcanzo a ver los muros que limitan la preparatoria y el árbol de la banqueta cuyas ramas llegan a la ventana. Arranco una hoja y la dejo caer, da giros en espiral en el aire y antes de tocar el suelo, una corriente la eleva muy alto en el cielo.

Las puertas rechinan al abrir y golpean suavemente la pared, tiro el cigarro y me oculto. Entonces hay un silencio inusual, aquel que es creado por algo que perturba la resonancia natural de las cosas y se siente una atmósfera de “Aquello” evitando ser descubierto. Adopto el mismo silencio y me muevo entre los libreros recorriendo la mirada en el canto de los libros.

Escucho la goma de las suelas rechinar en la duela, una más ligera que la otra y distintas entre ellas; vienen susurros, carcajadas que no desean ser escuchadas y el golpe en una mesa que rechina al sacudirse.

En la mesa está una joven sentada al filo de la base, el cabello oculta su rostro y entre las piernas tiene la cabeza de “Algo” que abraza su cuerpo. Es inquietante como ella consigue enmudecer los gemidos a pesar del éxtasis, y hace todo lo posible para no emitir sonido alguno en el desahogo de su pasión.

“Ésa cosa”, “Ése algo”; se alza y la besa a la vez que le sujeta el brazo, le da la vuelta y la inclina encarando a la mesa. Ella carcajea nerviosa por un instante y decide devolverse pero “Ése” o “Ésa” la vuelve a someter en su lugar.

—¡Ay, me lastimas! —reclamó al golpearse la cabeza sobre la mesa, intenta retirarse pero apenas puede moverse.

“Ésa” o “Ése” levanta la falda de la joven y abre sus muslos, de su entrepierna brotan tentáculos que se aferran de ella; en la incierta forma andrógina de “Ése o Ésa” no distingo que cuerpo es penetrado. Lo que si tengo claro es la desesperación de la joven en quitarse a “Ésa o Ése” de encima, “Aquello o Aquella” “Ésa o Ése” que la lastima, “Él o Ella” quien la viola o se rapta a sí, un cuerpo diáfano y otro tangible se desintegran uno a otro.

En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Todo se vuelve sucio y nada es claro solo más confuso; yo estoy paralizado casi obligado a seguir observando y siento el dolor de la tristeza derrochar el calor de mi sangre.

“Ella o Él, Ése o Ésa, Aquella o Aquel. Él o Ella, Ésa o Ése, Aquel o Aquella.”

—¿Quién eres?

—…Esase— Respondió.

En ese instante la joven cae a los pies de Esase y se retuerce en el suelo con la mano a tientas en el ano, en ese momento el sangrado comienza a paralizarla y, al igual que una flor, lentamente se marchita hasta volverse un bulto tembloroso y sollozante. Esase le da un beso en la mejilla y se desvanece sin despegar los labios de ella.

No imagino la impresión que tiene cuando su mirada, nublada en lágrimas se dirige al pasillo y descubre que estoy ahí; entonces limpia sus pestañas y me mira.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó —Es una pesadilla. —dijo agitando la cabeza tratando de borrar lo sucedido.

—No, es real. —respondí.

—¡Cállate! —oculta el rostro —Nadie sabe, sólo yo y nadie más, nunca pasó. Tú no estás aquí, tú no existes para mí.

Cuando ella vuelve a levantar la cabeza, se encuentra en un pastizal de un verde radiante a la luz del cielo cristalino, no siente dolor y viste una manta de un blanco impecable. Y entonces descubre que ya no estoy ahí.

—Lo siento. —dijo.

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En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Todo se vuelve sucio y nada es claro solo más confuso; yo estoy paralizado casi obligado a seguir observando y siento el dolor de la tristeza derrochar el calor de mi sangre. PXMOR/Libro 1/Sueño (?)

EL REY DE TODAS LAS BESTIAS

Recuerdo una torre de cantera construirse frente a mí, alta de forma ojival y oscuros relieves. Como una lanza que divide la noche y con su punta parte la espesa niebla, los rayos de la luna entran por el corte y delinean los surcos en la fachada.


Las puertas se abren a la distancia de un cuerpo, la luz interior dibuja un resplandor suave, cálido y palpitante; siento cada onda irradiar hacia mí. El rosetón de un ojo corona el portal con la mirada puesta en los alrededores. Sobre de él hay una inscripción desgastada, mi vista se desvanece cuando intento leer y parece decir “Εσασε”. En cada extremo del rosetón se extienden alas formadas de huesos emplumados y como ave muerta forman la base de la torre.


Me encuentro sentado con la mirada oculta por el filo de la capucha, veo mis brazos cubiertos por la túnica púrpura de bordados dorados; las manos me sudan al empuñar algo debajo de mis mangas.
Junto a mí hay hombres encapuchados atentos al altar, tengo la impresión de haber despertado de un sueño mientras algo sucede en aquella dirección. Levanto la cabeza al escuchar el llanto de una joven, está embarazada y es arrastrada por dos hombres, ella se resiste a caminar y lucha por liberarse.


“Hay algo familiar en ella, la he visto antes.”


Los hombres la alzan desnuda y ofrecen su pecho al cielo. Del mismo lugar de donde la trajeron otra mujer camina a ella desde el umbral; su túnica es igual a la mía, usa una corona de plumas forjada en bronce y con la mirada sigue el recorrido de su palma sobre la piel de la joven sometida en el altar, presiona sus dedos en el vientre y de un golpe le clava su puñal.


El grito me levanta de un impulso, los hombres a mi lado intentan detenerme y usan su fuerza para someterme, los acuchillo con el par de dagas ocultas en las mangas y con la furia de un león los apuñalo a todos los que se abalanzan en mi contra. Me abro paso cortando y atravesando a quien se cruce.


Los gritos de la joven son llamados dolorosos que vibran en mis oídos y siento la rabia emerger del corazón y consumir el miedo. Nada me detiene, no me importa perder las dagas, no hay dolor; mato todo lo que está a mi alcance.


“Yo deseo más.”


Siento un cosquilleo en los labios, mi quijada se abre con colmillos y me arrojo a la carne; rasgo cuerpos con las garras desmembrando huesos y entrañas en cada zarpazo.


Estoy lleno de la fuerza que se alimenta de la brasa ardiente en mi pecho. Arranco los rostros aterrados de sus cráneos, en ese momento soy poderoso.


Capturo a la mujer de la corona, meto su cabeza en mi hocico y la exprimo hasta sentir la sangre chorrear. Agachado en el altar devoro mi presa y veo como huyen de mí; disfruto escuchar sus gritos y lamentos.


“¡Soy quien sacrifica sus vidas, mí venganza!”


El cuerpo retorcido de la joven está en el suelo tal y como había caído, y en su rostro se congeló el horror que sufrió. La la observo con el corazón retumbando en todo mi cuerpo, puedo sentir el pulso de la sangre y el vapor de mi jadeo. Sostengo a la joven en mis brazos y arrodillado en el altar la corono con las plumas de bronce.

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Sus gritos vibran en mi cabeza siento la rabia consumir el miedo que siento. Sé quién eres. Escucho el llanto de una joven, está embarazada y es arrastrada por dos hombres. Yo deseo más. Meto su cabeza en mi hocico y la exprimo hasta sentir la sangre chorrear. PXMOR/Libro 1/Sueño I: Manos de Sangre

ABRE TUS OJOS Y MÍRAME OTRA VEZ

Grito llamando a alguien pero no veo a quien.

Estoy solo…

Nadie viene al valle del zorro

Camino por la colina moteada de colores, oleadas de viento agitan las flores y desprenden su fragancia.

Estoy inmerso en una neblina

Exhausto y cabizbajo levanto la mirada hacia el camellón de la avenida, hay un árbol de amplias ramas que cruzan la calle y dan sombra en la parada donde me encuentro.

El autobús se detiene con el rechinido de los frenos y la vibración de sus láminas; el aire comprimido silba y se abre la puerta. Pago el pasaje y camino por el pasillo que resplandece a la luz de las ventanas, cada línea áurea inhala alejando el brillo de los asientos y exhala suavemente devolviendo la intensidad de su rayo. Todos excepto uno, aquel donde está la mujer del suéter negro con cuello de cisne.

—¡Es ella!

Está sentada con su mirada abandonada en el vacío; me acerco buscando sus ojos verdes pero ella se rehúsa a verme y sentado a su lado tomo sus manos.

—Te extraño—dijo.

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Abre tus ojos y mírame otra vez, hazlo como en las mañanas cuando despertaba a tu lado. Vuelve a mí, escucha mi voz y síguela, no te detengas y continúa hasta llegar a mí. Estoy esperándote, deseo ver tus ojos como la primera vez que te acercaste a mi. PXMOR/Libro 1/SUEÑO XII: EL ÚLTIMO AUTOBÚS DE LOS RECUERDOS

EL OCÉANO DE ESTRELLAS Y EL COMENTA QUE QUISO ALCANZARLAS

“Bajé a la oscuridad absoluta, en las profundidades donde él habita…”

Desmayado caigo como pluma en el abismo; del cielo descienden listones finos y luminosos. Amarran mi cuerpo y me jalan suavemente a la superficie risada. Cruzo la línea del océano hacia el firmamento y entro a un túnel con ventanas radiantes en luces doradas. En el camino la vitalidad de mi ser disminuye en el ascenso.

Del túnel sigue un valle de flores, el cielo es abierto y las nubes se concentran en un vórtice. Los listones se vuelven más cálidos y se transforman en un punto radiante que esparce llamaradas en forma de aros. Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre.

Mi viaje continúa por los caminos de roca hasta la biblioteca y libros son arrastrados en una tormenta de arena. Luego vienen las cloacas y me llevan al interior de la torre. Llego al templo donde suena el órgano de viento, hay velas rodeando el altar y escucho una voz que me llama del exterior.

Es medio día cuando salgo de la torre, el cielo está nublado y una atmósfera azul cae sobre el pueblo. Soplo el vaho en mis manos que apenas logro calentar en el invierno.
La campanilla de la puerta suena al entrar en la cafetería, la tabla del menú se refleja en la vitrina de postres, no hay nadie en el mostrador.
El césped del parque es rociado por aspersores y las gotas corren de sus puntas a la tierra, un par de mariposas revolotean entre los árboles y luego suben a las copas, unos cuantos rayos de sol escapan de las ramas y caen al suelo con pequeñas motas de luz.
El tenue brillo titila al sonido del proyector en la sala, la película se ambienta en el océano repleto de estrellas donde un cometa se desplaza en un punto luminoso.

Miro atrás y un brillo aparece al otro lado de la calle, pertenece al medallón de una joven sentada en la base de concreto y está recargada en el asta de la plaza. Su blusa es blanca y la falda gris, sus ojos son verdes y el cabello rizado color castaño.

—¿Dónde habías estado? —pregunté.
—No me he movido de aquí— palmea el concreto y me mira —¿Subirás?
Me siento junto a ella y desde ahí observamos los lugares que he visitado.
—Un Sueño— dijo ella
—Pero ¿quién?
—Yo, siempre que me encuentro aquí sentada —dijo con firmeza —Te veo caminar por esos lugares y luego desapareces en uno de ellos.
—No recuerdo este lugar.
—Bueno, es la primera vez que llegas a hasta aquí a mi lado— Se quita la medalla del cuello —Te lo obsequio.

En sus manos extiende la cadena y rodea mi cuello con sus brazos; su rostro está junto al mío y la beso, ella permanece conmigo hasta que abrocha la cadena, entonces se aparta con una sonrisa y de un salto se aleja de mí.

—¡Te estaré esperando! —grité a sus espaldas antes de que desapareciera al doblar la esquina; observo la medalla que es una cruz de Jerusalén.

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Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre. PXMOR/Libro 1/SUEÑO XV: EL OBSEQUIO

UN HÉROE MUERE SIN ALIADOS

Hace frío en las cloacas, la humedad de las paredes y el sonido de las gotas revientan en el piso. Camino por el pasillo resbaloso apoyado de la pared hasta el final del túnel, y llego a una bóveda donde todos los túneles se juntan igual a un laberinto.

Al bajar las escaleras escucho voces circular desde el fondo de la bóveda, los escalones son cortos y con los dedos me agarro de las salientes en la pared. Descubro un pasillo iluminado con lámparas cálidas que a mis pasos titilan antes de fundirse. Observo un grupo de jóvenes de trajes blancos reunidos en la fogata y armados con sables, escuchan a su líder que los ha reunido. Intento ver su rostro pero se desvanece con el sonido de su voz.

—¡Oye tú! —dijo el líder al descubrirme detrás del grupo, los demás voltean con rostros enmascarados por la oscuridad.

Doy media vuelta ignorando los insultos que me lanza pero una palabra más hace acercarme a él y golpearlo. Por un instante el grupo tarda en entender lo que han visto, finalmente levantan sus armas y se lanzan sobre mí.
Corro por el túnel con toda la fuerza que tengo y el aire comienza a hacerme falta, la salida es imposible de hallar en este laberinto subterráneo y pronto las piernas dejan de responder, siempre termino en una bóveda con túneles interminables.

Los ruidos de mis perseguidores desaparecen, creo que los he perdido pero me detengo al descubrir a uno acechando en la oscuridad, observo que el brillo en la hoja de su sable es cubierto al pasar por su silueta. ¡Está de espaldas!
Avanzo con cautela, siento la empuñadura de la daga que sostengo y lo apuñalo en el cuello, espalda y estómago.

Caigo al suelo, veo su cuerpo tirado junto a mí y lo empujo al arroyo de la cloaca. Agarro el sable y en la oscuridad me deslizo listo para enfrentar al enemigo; entonces siento un golpe en el cuello y enseguida un chorro de sangre escapa cuando intento detener la hemorragia, la vista se vuelve difusa con pequeños destellos en cada golpe que recibo.


El águila ondea en el asta de la plaza de armas con el verde, blanco y rojo, en un cielo oscuro que resplandece en llamas.

—¡Cúbranse! —Grita alguien cuando un proyectil explota cerca de mí. Estoy por levantarme cuando miembros del pelotón abren fuego contra el edificio frente a nosotros, carros blindados disparan de sus torretas, soldados se abren paso en el fuego cruzado para llegar a la entrada, incluso hay un par de tanques listos para disparar; la guerra se desata y el capitán pide el apoyo de helicópteros para combatir a las fuerzas del interior.

Nuestras fuerzas pierden el combate, los soldados caen y se repliegan, los carros explotan uno a uno. Escucho un grito en la plaza de armas y veo a una mujer abrazar a su hija cubriéndose del tiroteo.

Recorro la plaza por los escombros evitando las balas, llego a ellas y trato de tranquilizarlas, busco un camino para lograr escapar cuando  el zumbido denso de un proyectil impacta junto a nosotros. Los ruidos desaparecen, la bandera se incendia al mismo tiempo que el asta se dobla suavemente. En ese momento el tiempo captura la realidad con lentitud, lo suficiente para retener ese instante y llevarlo contigo.
Un moribundo tendría la hermosa escena de sus familiares antes de partir. Yo agonizo ante el fin de una nación ultrajada.

Apenas tengo fuerza para girar la cabeza y veo el cuerpo de la niña separado de su madre, hay algo familiar en ella, no la reconozco pero siento conocerla.

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Hace frío en las cloacas, es igual a un laberinto. Cuando bajo las escaleras escucho voces circular desde el fondo de la bóveda, observo un grupo de jóvenes, armados con sables, escuchan a su líder que los ha reunido. PXMOR/Libro 1/SUEÑO II: MUÉSTRAME A UN HÉROE QUE HAYA MUERTO ACOMPAÑADO DE SUS ALIADOS

MIRADA FELINA

[¡Oye! No te puedo contactar por teléfono.

El domingo nos juntaremos todos los de la secundaria…

            Tienes que ir (jajaja), a las 5pm en Plaza Galerías.

            Nos vemos]

Recibí su mensaje en facebook al día siguiente que soñé con ella. Hacía tiempo que no me reúno con los compañeros de la secundaria, pero la realidad es ella la causa de mis nervios.

Decido llegar antes de la hora y me ubico en un lugar distante del punto de reunión. Aunque me llevaba bien con todos, solo son unos cuantos con quien realmente puedo platicar sin sentirme comprometido, y soportar esos molestos silencios.
Espero en una banca y aparento escribir en el celular para lanzar ligeras miradas. Dan las 5 de la tarde y hasta entonces no hay señales de ella ni de los otros, así que decido ir al punto de encuentro a la vista de todos. Pienso si me equivoqué de día, o peor, de hora.

“Estoy varado como gato en la duda.”

Si llegué tarde y todos se fueron siguiendo el plan, tendré que encontrarlos en la plaza o contactar a mi amiga para vernos, eso o evitarme la pena y retirarme. Me dedico a mirar rostros con la posibilidad de encontrar uno familiar, me imagino observándome desde aquella banca y lo despistado que me veo en la entrada, como el último jugador en la banca. En fin, estoy atrapado y mi única esperanza es haber confundido el día.

 “¿Qué rayos sucede, dónde están?”

Son las 5:30 cuando ella sale de la plaza a mi encuentro, con sus ojos verdes y sonrisa felina me abraza, es un poco más pequeña así que su cabeza me queda a la altura del cuello y puedo percibir el mentolado aroma de su cabello negro. La verdad no recuerdo de que tanto hablamos esa tarde, supongo que fue agradable por nuestras miradas y carcajadas

Cuarenta minutos después llega uno de los otros, saluda a mi amiga y para sorpresa no me recuerda, hasta entre cierra los párpados como si esperase que le dé prueba de ser compañeros años atrás. No le doy importancia y sonrío.

Llega su mejor amiga y con un beso me reconoce, viene acompañada por otra chica de la secundaria, y al igual que el otro no supo quién soy.

Me da igual.

Esperamos hasta que entendimos que somos todos. Me siento mal por ella, solo pocos vinieron.

Fue de las más populares en la secundaria y no por la baratería de ser la “sexy” del plantel.

“Lo siento, es cierto. No hay estafa más grande que la popularidad por la belleza de la juventud.

Ella es todo lo contrario, por supuesto que es linda de facciones finas y suaves, labios gatunos y orejas que se asoman en su cabello lacio. Su piel es clara sin llegar a ser blanca, delgada con un trasero pequeño y firme como durazno; me es difícil de describir, a veces parece grande o pequeño, caído o levantado y formas de ese tipo, creo que todo depende de su ropa. Lo mismo sucede con sus pechos que son como un par de mantecadas caídas en los costados, solo falta leche para acompañarlas.

“No es perfecta, más es auténtica en todo su ser.”

Estoy seguro que la razón de su popularidad es por su personalidad, se adaptaba muy bien a las bolas; un día podía hablar de videojuegos, tableros de juego, historietas y otro día la veía en la cancha de baloncesto o de voleibol.

Era pésima estudiante y más de una vez la tuve que sacar de algún apuro en prefectura. Realmente no estoy seguro de cuando comenzamos a juntarnos, pero si el día que nos conocimos.

Fue el día que el balón de voleibol cayó al pasto y rodó hacia mí, donde dormía.

—¡Oye! ¿Me pasas el balón? —dijo.

Apenas levanto los brazos de los ojos y la veo parada en la cancha con su uniforme blanco, detrás de ella todos esperan que yo haga lo que dijo.

—Ven tú.
—¡Por favor! —con las manos en la cintura.
—No soy tu maldito bolero. —volví a cubrir mis ojos.

“Aún siento su presencia ahí parada.”

—Olvídalo —escucho a uno de los jugadores —Me cae que ni la llega contigo.

Apenas veo de reojo y lo encuentro al otro lado de la cancha. Me levanto y tomo le mentado balón.

—¡Aguas ya se enojó! —se burló acompañado de las carcajadas de los demás, incluso ella cubre su boca para reír.

Aviento la bola frente a mí y salto golpeándola en el aire, sale disparada hasta el otro lado de la red sobrepasando a los jugadores y cae en picada, el tipo que gritó se lanza sin éxito y la pelota cae dentro de la cancha.

No fue el mejor de todos los tiros, estaba más animado a pegarle al tipo que hacer la jugada.

“Fue lo suficiente para impresionarlos.”

Compramos café en la Flor de Córdoba y vagamos por la plaza sin rumbo en la corriente de gente embrutecida por las compras.
Entonces mi amiga propone ir al billar, creí que eso elevaría los ánimos, pero fue todo lo contrario, cada uno saca un pretexto para no ir.

“Vale ¿entonces a que han venido?

Así que vamos solos al billar, la pasamos muy bien y nos divertimos mucho; pedimos papas a la francesa y sodas, y dividimos la cuenta.
Ella me gana dos de tres juegos en el billar y después pasamos a un juego de pistolas en el arcade, formamos equipo contra los zombis que intentan matarnos, si lograban vencernos, entonces iniciaremos separados en algún punto del juego hasta reunirnos.

Ya en la noche intercambiamos números y nos despedimos, los dos tomamos el mismo autobús solo que en direcciones opuestas de la ciudad, entonces esperábamos cada uno en su parada, ella frente a mí separados por la avenida.

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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XV: Mirada Felina

LA VOZ EN LAS TINIEBLAS

Sin compasión ni remordimientos, adiós lágrimas.


El odio, la ira y la venganza me satisfacen.


“¿En quién puedes confiar?” 
Yo respondería.


“Confía en ti”


Hay que triunfar ante la traición, levántate y persevera.


“Sé lo mejor de ti.”


El amor se desvanece y el odio prevalece; sigue tus ideales e impúlsate.

Vence al enemigo silencioso que habita en tu espíritu, esos sentimientos ocúltalos y vivirás.

Carlos Reeves ’05
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO I: Guerra Interior

LA NOCHE DEL DEMONIO

Arrullado por el canto de los grillos de la noche veo el oscilar de las ramas en el viento y cierro los ojos. 
Miro por la ventana y noto un vacío en el cielo donde las estrellas se han apartado de la luna. Envuelto en la oscuridad el canto se detiene y los grillos escuchan la voz que me llama.


Algo se asoma de las ramas y se aferra al tronco con sus garras, desvía la mirada al cielo y sube el árbol con pasos lentos hasta desaparecer en las hojas.


Tomados de la mano caminamos por la calle de una ciudad colonial ensombrecida por la tormenta que se aproxima. Sin decirnos una palabra recorremos las fachadas con acabados de cantera cálidamente iluminadas: Ella me sonríe.


El camino se vuelve más estrecho y los muros se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y en el centro de todo, una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo y en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas que aprisionan el edificio.


—Tengo que partir. —dijo soltando mi mano.


—Déjame ir contigo. —insisto en acompañarla pero se rehúsa.


Camina al interior de la torre cuando vuelvo a sujetar su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.


—Vuelvo pronto, yo te busco— se aleja liberándose de mí —Espera mi mensaje.


Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.


—Te necesito, te amo.


Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.
Algo se aproxima.


—¡Que le has hecho! ¿Por qué has venido?


Ese algo solo me observa estático bajo la lluvia.


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El grilleo de la noche donde las estrellas se han apartado de la luna, los insectos escuchan la voz que me llama. PXMOR/Libro 1/ SUEÑO XI: La Noche del Demonio

LA CAÍDA DEL ESPÍRITU Y EL REGRESO DEL ÁGUILA

Tengo esa sensación de intranquilidad, me pongo de pie y camino al pasillo, como voy avanzando siento esa inquietud aumentar.
Pronto mi corazón palpita con rapidez al igual que la respiración, ahora corro por el pasillo que se extiende al infinito y se revuelve en la oscuridad.
Llego a una puerta delineada por la luz del más allá.

Miro por el borde y del otro lado hay un desierto debajo de un cielo nublado, puedo ver a una niña sentada con la mirada en el horizonte donde el desierto se parte y comienza el risco hacia la nada. La niña se pone de pie; intento abrir la puerta y golpeo para llamar su atención pero apenas dirige el oído.

Da un paso adelante y lentamente otro, da el siguiente y el próximo, así continúa hasta correr al horizonte y se lanza al risco con los brazos extendidos.

La puerta se abre de una vez, al igual que la niña, doy un paso adelante de otro tan rápido para alcanzarla, comienzo a despegar del suelo y siento la resistencia del viento elevarme al cielo. Han pasado varios segundos desde que la niña saltó, al principio no la veo desde las alturas pero finalmente mi vista mejora y la encuentro; me dejo caer en picada al precipicio, mi cuerpo comienza a vibrar al surcar el viento a gran velocidad.

Desmayada la niña se sacude en el aire, entonces logro atraparla con las garras de mis patas y extiendo las alas para ascender. Mientras vuelo la niña despierta, se aferra al plumaje y sube a mi lomo donde se sienta, finalmente pone las manos en mi cabeza dirigiéndonos a nuestro destino.

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La intranquilidad se extiende en el infinito y se revuelve en la oscuridad. En el horizonte comienza el risco hacia la nada, doy un paso adelante y me dejo caer en picada, y extiendo las alas para ascender. PXMOR/Libro 1/S.III: La Caída del Espíritu y el Regreso del Águila.

Un Mudo Oscuro y Miserable

Mi mente y espíritu son opuestos a los tuyos; mis ojos están vendados y empuño una espada para cortar cada trozo de ti y restaurar la balanza. Estoy ciego y solo te oigo pedir audiencia.

Escucho frágiles hormigas de cuerpos miserables, seducidas por la reina que ellas han coronado. Una reina radiante de ilusiones y adormecida por la melodía de los consejeros que la adornan.

La reina de hoy es distinta a la del mañana, es la investidura el verdadero culto del reinado. Los cielos se nublan sobre el reino y oscurecen el espejismo de su poder.

Siento que un nuevo mundo se aproxima creado por hombre y mujer; mujeres y hombres a quienes les arrebataron la luz, vendrán como relámpagos dentro de una tormenta de cólera y dolor.

Carlos Reeves ’07
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XIII: Espectros del Mañana

LOS MORADORES DE LAS CAVERNAS

En este estrecho pasillo desciende la serpiente de fuego hacia el corazón de la montaña.
Avanzamos en la penumbra de los túneles, las antorchas revelan suaves contornos en nuestras armaduras y en la marcha iluminamos el camino.

Los habitantes del pueblo pidieron nuestro auxilio y un primer grupo atendió el llamado. Pasaron semanas sin saber de ellos así que fuimos en mayor número a terminar la encomienda.

Meses atrás los mineros descubrieron una bóveda de cobre donde demonios fueron presos dentro de la montaña. En un principio los mineros los confundieron con figuras talladas en piedra pero despertaron al sentir la presencia humana, alzaron sus cuerpos altos y robustos de centelleantes miradas en tétricos rostros, con melenas enmarañadas y cuernos torcidos.

Las quimeras observaron a los mineros huir aterrados. De pronto en su escape quedaron paralizados al oír la oleada de berridos que surgieron de las profundidades. Los mineros que lograron escapar sellaron el respiradero de la mina y oyeron los gritos de sus compañeros ahogarse en el interior.

Seguimos la oración en latín provenir en los túneles, como vamos acercándonos un resplandor de fuego se hace más intenso. En el descenso descubrimos a un monje arrodillado frente a la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado, aunque su armadura y cuerpo se carbonizaron, levanta la cabeza de su hombro para mirarnos, en ese instante desenvainamos las espadas.

–¡Santos, retrocedan! –dijo el monje con voz rasposa y se pone de pie –¡Este es mi reino!

El monje arremete contra nosotros con espada en mano y pasos torpes, todos le abrimos camino, esquivamos sus ataques lentos y vagos mientras nos maldice. Ninguno se atreve a combatirlo, está loco pero es un hombre de Dios, uno de nosotros enviado en el primer grupo a preservar la fe de la expedición.

Doy un paso lateral cuando se abalanza contra mí, el peso de la espada lo hace tambalear y con la punta se apoya para no caer, apenas se repone y gira el rostro en torno a nosotros, levanta alto el filo y, de un solo movimiento le amputo los brazos con el canto de mi espada. Cae al suelo y chilla retorciéndose cuando le atravieso el pecho, y a mi complacencia agito la hoja de lado a lado hasta reventar las costillas.

Limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros, me abro paso entre ellos y sigo el descenso a la bóveda de cobre.

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En la penumbra iluminamos el camino donde demonios son presos, de centelleantes miradas con melenas enmarañadas y cuernos torcidos. En el descenso descubrimos la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado. Un hombre de Dios, la fe de la expedición, le amputo los brazos con el canto de mi espada y le atravieso el pecho y limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros. PXMOR/Libro 1/Sueño VI