LAS HERIDAS QUE NOS APARTAN

Me encuentro en la obra negra de una torre, todo quedó en concreto con columnas y techos sin detalles; es un lugar que transmite cierta melancolía de un sueño que comenzó y fue abandonado por el soñador.

Este esqueleto tiene la mejor vista a un horizonte de tierra fértil para ser cultivada. Es una sensación que vibra en mi pecho cuando subo por los oscuros escalones; sigo el resplandor que se filtra del piso superior.

El paisaje se revela al dejar atrás cada nivel de la estructura, puedo sentir esa atmósfera que me ensombrece y estoy adoptando.

Ella me sorprende cuando miro la línea que separa el paraíso y la tierra, sus pasos en las escaleras hacen que me dé la vuelta. Se detiene y me mira sobre su hombro.

—Prometí esperarte. —dije.

Ella inclina su cabeza observando el vacío, entonces arrastra la vista y mira el piso que le espera al final de las escaleras, y continúa su camino.

La sigo hasta que llegamos a la azotea, y se para en el borde de la torre. Mantengo mi distancia.

—En cada sueño sabes dónde encontrarme. —dijo extendiendo la pierna fuera del borde y con la punta de los dedos sostiene su zapatilla.

—Ven conmigo, —aprovecho para acercarme, ella deja caer la zapatilla y me detiene —¿por qué huyes cuando te encuentro?

Da la vuelta, me observa fijamente con sus ojos inexpresivos y se deja caer al precipicio.

—Por favor no te rindas —dije sujetando su brazo.

La ayudo a subir y nos sentamos en el borde. Ella permanece agitada con la mirada en el suelo, recupera el aliento y voltea hacia mí.

—¿Lo arruinarás? —dijo.

—No, —respondí agitando la cabeza —¿y tú?

—Tampoco. —sonríe.

Recorre la azotea de la torre merodeando sus rincones, y se detiene a mirar el horizonte. El sol ilumina las enormes copas de los árboles en el bosque y su hermosa figura con su cabello levantado por el viento.

—Nuestras vidas siempre han estado envueltas por la tristeza. —dije.

—¿Por qué hablas como si entendieras lo que he vivido?

—Yo estuve ahí, en cada uno de tus sueños te vi y lo he sentido, tú lo sabes. —respondí —te he seguido hasta aquí donde todo termina para volver a ti.

—Este lugar es tuyo como mío, —titubea e inclina la cabeza para encontrar en sus pensamientos —¿quiénes somos? ¿Por qué siempre nos encontramos?

También tengo las mismas preguntas, pero si está es nuestra creación y siempre nos encontramos es porque estamos juntos en esto.

Obra Protegida
Todos los derechos reservados

CUANDO LAS GAVIOTAS VUELAN

Mis hermanos nadan en el mar mientras estoy sentado en la arena acompañado de mis perros, mi padre toma una cerveza y ayuda a mi madre a preparar el ceviche.

Entro al mar hasta pasar el reventadero de olas lejos de mis hermanos y me zambullo en las profundidades. Descanso flotando de muertito y veo a las gaviotas pasar en el cielo.

Nado a la orilla pero no puedo salir, estoy atrapado en la corriente y una ola se levanta a mis espaldas. Lucho para escapar de ella, llamo a mis hermanos que juegan en la orilla, grito a mis padres pero siguen preparando la comida.

Mi madre les habla a comer pero a mí jamás me llamó; sólo mis perros me observan. La ola revienta y me arrastra mar adentro revolcándome en el interior. Caigo en la playa, intento levantarme y en cuanto logro reponerme la ola cae sobre mí, y me jala dentro de ella. Y jamás volví a la orilla.

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PXMOR/Libro 1/Sueño XIV: Ciclos

IDILIO DE UNA IDEA

Poseo una gran obsesión, le tengo tanto cariño y me angustia estar apartado de ella.

De nuevo cruza en mi camino y pienso en apartarme.

Recuerdo el día en que no quise acompañarla y dentro de mí me insistí, al principio titubeé pero al final lo volví a intentar.

CARLOS REEVES ’05
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO VII: Martirio

FAETÓN

Existe una torre en la luna con forma de lanza, es de piedra y acabados simétricos que nacen del arco. En el centro hay un rosetón de colores violeta y azules. La entrada es una cavidad con puertas de madera grabadas y es custodiada por dos ángeles. Hombres, mujeres y niños caminan al interior.

Me encuentro en una colina acompañado de una mujer tomados de la mano.

—Tengo que ir. —Le dije mirando sus temblorosos ojos.

Besa mi mejilla y suelta mi mano. Camino a la torre y me reúno con los marchantes; ella espera en la colina.

En la entrada uno de los ángeles me impide el paso y clava la mirada en mí. Sale un tercer ángel.

—¿Qué deseas? —su voz hizo eco en el viento.

—Quiero verlo. —respondí.

—¡Retrocede! —dijo.

—¿Porque he de moverme? Soy imagen y semejanza, más noble que tú. ¡Déjame pasar!

El ángel se aparta y se desvanece en el interior.

Subo por las escaleras donde los gritos y lamentos en las tinieblas me hacen estremecer. Me siento exhausto y la vista se me nubla, antes de que todo fuera oscuridad apareció el tercer ángel, y me lleva en sus brazos. Flotamos en el cielo hacia las nubes que revelan la bóveda del universo; pude distinguir tres figuras de radiante calidez.

Mi cuerpo arde en llamas y se esparce en hojuelas de polvo.

          —Polvo eres y polvo serás. —dijo.

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Camino a la torre hasta reunirme con los marchantes mientras ella espera en aquella colina. Hombres, mujeres y niños caminan al interior de la torre. Subo por unas escaleras oscuras y escucho gritos en el camino, en los escalones tropiezo con cuerpos chamuscados. PXMOR/Libro 1/Sueño IX: La torre del centinela

MI LUNA

Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.

—Toma el rumbo de la inmortalidad —dijo —aprende el camino de la soledad; compartamos juntos este árido sentimiento, la amargura que observo en la tierra.

Conservemos el calor de nuestros corazones.

—¿Crees que podamos existir solo tú y yo? —pregunta.

Te amo como una parte de mí, deseo darte la esencia de mí existencia como el fruto que me abriga todos los días.

Carlos Reeves ’05
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PXMOR/Libro 1/Sentimiento VI

EL SIGLO DE LAS QUIMERAS

El adoquín rojo se extiende en el segundo piso alrededor del patio, camino por ese pasillo y me dirijo a la biblioteca. Es raro ver a alguien ahí, ni siquiera hay bibliotecario y es ideal para pasar tiempo solo.

Recorro los libreros hasta la ventana, enciendo un cigarro y me asomo a la calle, alcanzo a ver los muros que limitan la preparatoria y el árbol de la banqueta cuyas ramas llegan a mí. Arranco una hoja y la dejo caer, da giros en espiral en el aire y antes de tocar el suelo, una corriente la eleva muy alto en el cielo.

Las puertas rechinan al abrirse y golpean la pared, tiro el cigarro y me oculto. Hay un silencio inusual creado por algo que perturba la quietud de los objetos, y presiento la atmósfera de “Aquello” que se esconde. Con cautela me muevo en el pasillo recorriendo la mirada sobre los libros.

Escucho la goma de las suelas rechinar en la duela, una más ligera que la otra y distintas entre ellas; vienen susurros, carcajadas que no desean ser escuchadas y el golpe en una mesa que chilla.

Una joven está sentada en el borde de la mesa, el cabello oculta su rostro y entre las piernas tiene la cabeza de “Algo” que abraza su cuerpo. Es fascinante como goza y calla los gemidos de su orgasmo.

“Ésa cosa”, “Ése algo”; se alza y la besa a la vez que le sujeta el brazo, le da la vuelta y la inclina encarando a la mesa. Ella carcajea y se da la vuelta pero “Ése” o “Ésa” la vuelve a someter.

—¡Ay, me lastimas! —reclamó al golpearse la cabeza con la mesa, intenta retirarse pero apenas puede moverse.

“Ésa” o “Ése” levanta la falda de la joven y le abre los muslos, de su entrepierna brotan tentáculos que la sujetan con fuerza; en la forma andrógina de “Ése o Ésa” no distingo que cuerpo es penetrado. Lo que si veo es la desesperación de la joven en quitarse a “Ésa o Ése” de encima, “Aquello o Aquella” “Ése o Ésa” que la lastima, “Él o Ella” quien la viola y se rapta a sí, un cuerpo diáfano y otro tangible se mancillan a sí mismos.

En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Hay un hedor en el aire y estoy paralizado obligado a seguir observando. Siento el dolor de su tristeza enfriar mi sangre.

“Ella o Él, Ése o Ésa, Aquella o Aquel. Él o Ella, Ésa o Ése, Aquel o Aquella.”

—¿Qué eres?

—…Esase— Respondió.

La joven cae a los pies de Esase y se retuerce con la vagina envuelta en sus muslos y la mano a tientas en el ano, el sangrado la paraliza y lentamente se marchita hasta volverse un bulto tembloroso y sollozante. Esase le lame la mejilla y se desvanece sin despegar su lengua de ella.

No imagino la impresión que tiene cuando su mirada, nublada en lágrimas, me descubre. Limpia sus pestañas.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó —Es una pesadilla. —dijo agitando la cabeza tratando de borrar el pasado.

—No, es real. —respondí.

—¡Cállate! —oculta su rostro —Nadie sabe, sólo yo y nadie más. Tú no estás aquí, tú no existes para mí.

Vuelve a levantar la cabeza, se encuentra en un pastizal de un verde radiante a la luz del cielo cristalino, no siente dolor y viste una manta de un blanco impecable. Y entonces descubre que ya no estoy ahí.

—Lo siento. —dijo.

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En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Todo se vuelve sucio y nada es claro solo más confuso; yo estoy paralizado casi obligado a seguir observando y siento el dolor de la tristeza derrochar el calor de mi sangre. PXMOR/Libro 1/Sueño (?)

EL REY DE TODAS LAS BESTIAS

Recuerdo una torre de cantera construirse frente a mí, alta de forma ojival y oscuros relieves. Como una lanza que divide la noche y con su punta parte la espesa niebla, los rayos de la luna entran por el corte y delinean los surcos en la fachada.

Las puertas se abren a la distancia de un cuerpo, la luz interior dibuja un resplandor suave, cálido y palpitante; siento cada onda irradiar hacia mí. El rosetón de un ojo corona el portal con la mirada puesta en los alrededores. Sobre de él hay una inscripción desgastada, mi vista se desvanece cuando intento leer y parece decir “Εσασε”. En cada extremo del rosetón se extienden alas formadas de huesos emplumados, y como ave muerta forman la base de la torre.

Me encuentro sentado con la mirada oculta por el filo de la capucha, veo mis brazos cubiertos por la túnica púrpura de bordados dorados; las manos me sudan al empuñar algo debajo de mis mangas.

Junto a mí hay hombres encapuchados atentos al altar, tengo la impresión de haber despertado de un sueño mientras algo sucede en aquella dirección. Levanto la cabeza al escuchar el llanto de una joven, está embarazada y es arrastrada por dos hombres, ella se resiste a caminar y lucha por liberarse.

“Hay algo familiar en ella, la he visto antes.”

Los hombres la alzan desnuda y ofrecen su pecho al cielo. Del mismo lugar de donde la trajeron otra mujer camina a ella desde el umbral; su túnica es igual a la mía, usa una corona de plumas forjada en bronce, y con la mirada sigue el recorrido de su palma sobre la piel de la joven sometida en el altar, presiona sus dedos en el vientre y de un golpe le clava su puñal.

El grito me levanta de un impulso, los hombres a mi lado intentan detenerme y usan su fuerza para someterme, los acuchillo con el par de dagas ocultas en las mangas, y con la furia de un león los apuñalo a todos los que se abalanzan en mi contra. Me abro paso cortando y atravesando a quien se cruce.

Los gritos de la joven son llamados dolorosos que vibran en mis oídos, siento la rabia emerger del corazón y consumir el miedo. Nada me detiene, no me importa perder las dagas, no hay dolor; mato todo lo que está a mi alcance.

“Yo deseo más.”

Siento un cosquilleo en los labios, mi quijada se abre con colmillos y me arrojo a la carne; rasgo cuerpos con las garras desmembrando huesos y entrañas en cada zarpazo.

Estoy lleno de la fuerza que se alimenta de la brasa ardiente en mi pecho. Arranco los rostros aterrados de sus cráneos, en ese momento soy poderoso.

Capturo a la mujer de la corona, meto su cabeza en mi hocico y la exprimo hasta sentir la sangre chorrear. Agachado en el altar devoro mi presa y veo como huyen de mí; disfruto escuchar sus gritos y lamentos.

“¡Soy quien sacrifica sus vidas, mí venganza!”

El cuerpo retorcido de la joven está en el suelo tal y como había caído, y en su rostro se congeló el horror que sufrió. La observo con el corazón retumbando en todo mi cuerpo, puedo sentir el pulso de la sangre y el vapor de mi jadeo. Sostengo a la joven en mis brazos y arrodillado en el altar la corono con las plumas de bronce.

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Sus gritos vibran en mi cabeza siento la rabia consumir el miedo que siento. Sé quién eres. Escucho el llanto de una joven, está embarazada y es arrastrada por dos hombres. Yo deseo más. Meto su cabeza en mi hocico y la exprimo hasta sentir la sangre chorrear. PXMOR/Libro 1/Sueño I: Manos de Sangre

ABRE TUS OJOS Y MÍRAME OTRA VEZ

Grito llamando a alguien pero no veo a quien.

“Estoy solo…”

Nadie viene al valle del zorro

Camino por la colina moteada de flores, oleadas de viento las agitan y libera sus fragancias.

Estoy inmerso en una neblina

Exhausto y cabizbajo levanto la mirada hacia el camellón de la avenida, hay un árbol de amplias ramas que cruzan la calle y dan sombra en la parada donde me encuentro.

El autobús se detiene con el rechinido de los frenos y la vibración de sus láminas; el aire comprimido silba y se abre la puerta. Pago el pasaje y camino por el pasillo que resplandece a la luz de las ventanas, cada línea áurea inhala alejando el brillo de los asientos, y exhala suavemente devolviendo la intensidad de su rayo. Todos excepto uno, aquel donde está la mujer del suéter negro con cuello de cisne.

—¡Es ella!

Está sentada con su mirada abandonada en el vacío; me acerco buscando sus ojos verdes pero ella se rehúsa a verme. Sentado a su lado tomo sus manos.

—Te extraño. —dijo.

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Abre tus ojos y mírame otra vez, hazlo como en las mañanas cuando despertaba a tu lado. Vuelve a mí, escucha mi voz y síguela, no te detengas y continúa hasta llegar a mí. Estoy esperándote, deseo ver tus ojos como la primera vez que te acercaste a mi. PXMOR/Libro 1/SUEÑO XII: EL ÚLTIMO AUTOBÚS DE LOS RECUERDOS

EL OBSEQUIO

“Caí a la oscuridad absoluta, en las profundidades donde él habita…”

Inconsciente me desplomo como pluma en el abismo; del cielo descienden listones finos y luminosos. Amarran mi cuerpo y me jalan suavemente a la superficie rizada. Cruzo la línea del océano hacia el firmamento y entro a un agujero con ventanas radiantes en luces doradas. En el ascenso la vitalidad de mi ser disminuye.

Del túnel sigue un valle de flores, el cielo es abierto y las nubes se concentran en un vórtice. Los listones se vuelven más cálidos y se transforman en un punto radiante que esparce llamaradas en forma de aros. Tres ángeles levitan en el paraíso y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre donde hay un gran árbol que emerge del corazón de la bóveda de cobre.

Mi viaje continúa por los caminos de roca hasta la biblioteca, y libros son arrastrados en una tormenta de arena. Luego vienen las cloacas y me llevan al interior de la torre. Llego al templo donde suena el órgano de viento, hay velas rodeando el altar y escucho una voz que me llama del exterior.

Es mediodía y una luz azul cae sobre el pueblo. Soplo el vaho en mis manos que apenas logro calentar.

La campanilla de la puerta suena al entrar en la cafetería, la tabla del menú se refleja en la vitrina de postres, no hay nadie en el mostrador.

Los aspersores rocían el césped y las gotas quedan atrapadas en sus hojas, un par de mariposas revolotean entre los árboles y luego suben a las copas, unos cuantos rayos de sol escapan de las ramas y caen al suelo con pequeñas motas de luz.

El tenue brillo titila al sonido del proyector, la película muestra el océano repleto de estrellas donde un cometa viaja en un punto luminoso.

Miro atrás y un centelleo aparece al otro lado de la calle, viene de su medallón. Está sentada en el pedestal del asta y espera reclinada en él. Su blusa es blanca y la falda gris, sus ojos son verdes y el cabello lacio color negro.

—¿Dónde habías estado? —pregunté.

—No me he movido de aquí —palmea el concreto y me mira —¿Subirás?

Me siento junto a ella y desde ahí observamos el pueblo.

—Un Sueño. —dijo ella

—Pero ¿quién?

—Yo, —dijo —siempre que me encuentro aquí sentada, te veo caminar por esos lugares y luego desapareces en uno de ellos.

—No lo recuerdo.

—Bueno, es la primera vez que llegas a mi lado. —se quita la medalla del cuello.

En sus manos extiende la cadena y me rodea con sus brazos; sus labios están cerca de mí y la beso, ella permanece conmigo hasta que la abrocha, entonces con una sonrisa da un salto y se aleja de mí. —¡Te estaré esperando! —grité a sus espaldas antes de que desapareciera al doblar la esquina.

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Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre. PXMOR/Libro 1/SUEÑO XV: EL OBSEQUIO

UN HÉROE MUERE SIN ALIADOS

Hace frío en las cloacas, las paredes están húmedas y escucho las gotas reventar en el piso. Camino por el pasillo resbaloso apoyado de la pared hasta llegar a una bóveda, donde todos los túneles se juntan como un laberinto.

Al bajar las escaleras escucho el eco de voces provenir desde el fondo de la bóveda, los escalones son cortos y con los dedos me agarro de las salientes en la pared. Descubro un pasillo iluminado con velas, sus flamas titilan con mis pasos y se extinguen detrás de mí. Observo un grupo de jóvenes de trajes blancos armados con sables, escuchan a su líder que los ha reunido alrededor de la fogata. Intento ver su rostro, pero se desvanece con el sonido de su voz.

—¡Oye tú! — dijo el líder al descubrirme detrás del grupo, los demás voltean con rostros ocultos por la oscuridad.

Doy media vuelta ignorando los insultos que me lanza, pero una palabra más hace acercarme y golpearlo. Por un instante el grupo no cree lo que han visto, levantan sus armas y me persiguen.

Huyo por el túnel con toda la fuerza que tengo, la salida es imposible de hallar en este laberinto subterráneo y pronto mis piernas dejan de responder. Necesito un respiro.

Sus ruidos se alejan y creo que los he perdido, pero descubro a uno acechando en la oscuridad. Veo el brillo del sable desaparecer con su propia sombra.

“¡Está de espaldas!”

Me aproximo, empuño la daga y apuñalo su cuello, espalda y estómago. Caigo al suelo, veo su cuerpo tirado junto a mí y lo empujo al arroyo de la cloaca. Agarro el sable y me deslizo en la oscuridad listo para enfrentar a mis enemigos; entonces siento un golpe en el cuello y un chorro de sangre escapar de mí. Intento detener la hemorragia y mi vista se llena con destellos en cada golpe que recibo.

El águila ondea en el asta de la plaza de armas con el verde, blanco y rojo, en una noche que resplandece en llamas.

—¡Cúbranse! —gritó el soldado al haber una explosión.

El pelotón abre fuego contra un edificio, tanquetas disparan desde sus torretas, soldados se abren paso en el fuego cruzado hacia la entrada y los tanques se preparan a disparar. El capitán pide el apoyo aéreo para combatir a las fuerzas del interior.

Nuestras fuerzas están perdiendo el combate, soldados mueren y otros retroceden, los carros blindados explotan uno a uno. Escucho un grito en la plaza de armas y veo a una mujer protegiendo a su hija del tiroteo.

Me apresuro saltando escombros y cubriéndome de las balas, llego a ellas cuando un proyectil zumba y explota en nosotros. Los ruidos desaparecen, la bandera se incendia y la asta es derribada. En ese momento ves la realidad con lentitud, lo suficiente para conservar ese instante y llevarlo contigo.

Un moribundo tendría la imagen de su familia; yo veo los restos de la niña y su madre.

“Una nación perdida…”

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Hace frío en las cloacas, es igual a un laberinto. Cuando bajo las escaleras escucho voces circular desde el fondo de la bóveda, observo un grupo de jóvenes, armados con sables, escuchan a su líder que los ha reunido. PXMOR/Libro 1/SUEÑO II: MUÉSTRAME A UN HÉROE QUE HAYA MUERTO ACOMPAÑADO DE SUS ALIADOS

SONRISA FELINA

[¡Oye! No te puedo contactar por teléfono. El domingo nos juntaremos todos los de la secundaria. Tienes que ir jajaja… A las 5pm en Plaza Galerías. Nos vemos]

Recibí su mensaje en facebook un día después de soñar con ella. Hacía tiempo que no me reúno con los compañeros de la secundaria, pero la realidad es ella la causa de mis nervios.

Llego antes de la hora y me siento en una banca lejos del punto de reunión. Aunque me llevaba bien con todos, solo son unos cuantos con quien realmente puedo platicar sin sentirme comprometido, y soportar esos molestos silencios.

Espero en una banca y finjo escribir en el celular para lanzar ligeras miradas. Dan las 5:00 de la tarde y hasta entonces no hay señales de ella ni de los otros, así que decido ir al punto de encuentro a la vista de todos. Pienso si me equivoqué de día o de hora.

“Estoy varado como gato en la duda.”

Si llegué tarde y todos se fueron siguiendo el plan, tendré que encontrarlos en la plaza o contactar a mi amiga para vernos, o evitarme la pena y retirarme. Me dedico a mirar rostros con la posibilidad de encontrar uno familiar, me imagino observándome desde aquella banca y lo despistado que me veo en la entrada como el último jugador elegido. En fin, estoy atrapado y desearía no estar aquí.

“Qué rayos sucede, ¿dónde están?”

Son las 5:30 cuando ella sale de la plaza a mi encuentro, con sus ojos verdes y sonrisa felina me abraza. Es un poco más pequeña así que su cabeza me queda a la altura del cuello y puedo oler el mentolado aroma de su cabello. La verdad no recuerdo de que tanto hablamos esa tarde, supongo que fue agradable por nuestras miradas y carcajadas

Cuarenta minutos después llega uno de los otros, saluda a mi amiga pero no me recuerda, entre cierra los párpados como si esperase que le dé prueba de ser compañeros años atrás. No le doy importancia y sonrío.

Llega su mejor amiga y con un beso me reconoce, viene acompañada por otra chica de la secundaria, y al igual que el otro me ha olvidado. En verdad me da igual.

Esperamos hasta que entendimos que somos todos. Me siento mal por ella, solo pocos vinieron.

Fue de las más populares en la secundaria y no por la baratería de ser la “sexy”.

“Lo siento, es cierto. No hay estafa más grande que la popularidad por la belleza de la juventud.”

Ella es todo lo contrario, por supuesto que es linda de facciones finas y suaves, labios gatunos y orejas que se asoman de su cabello negro. Su piel es clara sin llegar a ser blanca, delgada con un trasero pequeño y firme como durazno; a veces parece grande o pequeño, caído o levantado, todo depende de su ropa. Lo mismo sucede con sus tetas, son como un par de magdalenas; solo necesito leche para disfrutarlas.

“No es perfecta, más es auténtica en todo su ser.”

Estoy seguro de que la razón de su popularidad es por su personalidad, se adaptaba muy bien a las bolas; un día podía hablar de videojuegos, tableros de juego, historietas y otro día la veía en la cancha de baloncesto o de voleibol.

Era pésima estudiante y más de una vez la tuve que sacar de algún apuro para evitar la prefectura. Realmente no estoy seguro de cuando comenzamos a juntarnos, pero si el día que nos conocimos.

Fue cuando el balón de voleibol cayó al pasto y rodó hacia mí, donde descansaba.

—¡Oye! ¿Me pasas el balón? —dijo.

Apenas levanto los brazos de los ojos y la veo parada en la cancha con su uniforme blanco, detrás de ella todos esperan mi respuesta.

—Ven tú.

—¡Por favor! —con las manos en la cintura.

—No soy tu maldito bolero. —volví a cubrir mis ojos.

“Aún siento su presencia ahí parada.”

—Olvídalo —escucho a uno de los jugadores —Me cae que ni la llega.

Apenas veo de reojo y lo encuentro al otro lado de la cancha. Me levanto y tomo el mentado balón.

—¡Aguas ya se enojó! —se burló apoyado de las carcajadas de los demás, incluso ella cubre su boca para reír.

Aviento la bola frente a mí y salto golpeándola en el aire, sale disparada sobre la red sobrepasando a los jugadores y cae en picada, el tipo que gritó se lanza sin éxito y la pelota cae dentro de la cancha.

No fue el mejor de todos los tiros, estaba más animado a pegarle al tipo que hacer la jugada. Fue lo suficiente para impresionarlos.

Compramos café en la Flor de Córdoba y vagamos por la plaza sin rumbo en la corriente de gente embrutecida por las compras. Entonces mi amiga propone ir al billar, creí que eso elevaría los ánimos, pero cada uno saca un pretexto para irse.

“Vale ¿entonces a que han venido?”

Así que vamos solos, la pasamos muy bien y nos divertimos mucho; pedimos papas a la francesa y sodas, y dividimos la cuenta.

Ella me gana dos de tres juegos; después pasamos a un videojuego de pistolas en el arcade, formamos equipo contra los demonios que intentan matarnos, si lograban vencernos, entonces iniciaremos separados en algún punto del juego hasta reunirnos.

Ya en la noche intercambiamos números y nos despedimos. Ambos tomamos el mismo autobús solo que en direcciones opuestas de la ciudad. Ella espera frente a mí distanciados por la avenida.

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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XV: Mirada Felina

LA VOZ EN LAS TINIEBLAS

Sin compasión ni remordimientos, adiós lágrimas.

El odio, la ira y la venganza me satisfacen.

“¿En quién puedes confiar?”

Yo respondería.

“Confía en ti”

Hay que triunfar ante la traición, levántate y persevera.

“Sé lo mejor de ti.”

El amor se desvanece y el odio prevalece; sigue tus ideales e impúlsate. Vence al enemigo silencioso que habita en tu espíritu, esos sentimientos ocúltalos y vivirás.

Carlos Reeves ’05
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO I: Guerra Interior

LA NOCHE DEL DEMONIO

Arrullado por el canto de los grillos de la noche, veo el oscilar de las ramas en el viento y cierro los ojos.

Miro por la ventana y noto un vacío en el cielo donde las estrellas se han apartado de la luna. Envuelto en la oscuridad el canto se detiene y los grillos escuchan la voz que me llama.

Algo se asoma de las ramas y se aferra al tronco con sus garras, desvía la mirada al cielo y sube el árbol con pasos lentos hasta desaparecer en las hojas.

Tomados de la mano caminamos por la calle de una ciudad colonial ensombrecida por la tormenta que se aproxima. Sin decirnos una palabra recorremos las fachadas con acabados de cantera cálidamente iluminadas: Ella me sonríe.

El camino se vuelve más estrecho y los muros se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y en el centro de todo, una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo y en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas que aprisionan el edificio.

—Tengo que partir. —dijo soltando mi mano.

—Déjame ir contigo. —insisto en acompañarla pero se rehúsa.

Camina al interior de la torre cuando vuelvo a sujetar su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.

—Vuelvo pronto, yo te busco. —se aleja liberándose de mí —Espera mi mensaje.

Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.

—Te necesito, te amo.

Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.

Algo se aproxima.

—¡Que le has hecho! ¿Por qué has venido?

Ese algo solo me observa estático bajo la lluvia.

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El grilleo de la noche donde las estrellas se han apartado de la luna, los insectos escuchan la voz que me llama. PXMOR/Libro 1/ SUEÑO XI: La Noche del Demonio

LA CAÍDA DEL ESPÍRITU Y EL REGRESO DEL ÁGUILA

Tengo esa sensación de intranquilidad, me pongo de pie y camino por el pasillo sintiendo esa inquietud aumentar.

Pronto mi corazón palpita rápidamente y mi respiración se estremece. Ahora corro por el pasillo que se extiende al infinito y se revuelve en la oscuridad.

Llego a una puerta delineada por la luz del más allá.

Miro por el borde y del otro lado, hay un desierto debajo de un cielo nublado; puedo ver a una niña sentada con la mirada en el horizonte donde el desierto se parte y comienza un risco hacia la nada. La niña se pone de pie, golpeo la puerta para llamar su atención pero apenas dirige el oído.

Da un paso adelante y lentamente otro, da el siguiente y el próximo, hasta correr al horizonte y se lanza al risco con los brazos abiertos.

La puerta se abre de una vez, me apresuro a alcanzarla y me elevo en el viento. No la veo desde las alturas y temo lo peor; mi vista mejora y la encuentro. Mi cuerpo vibra al descender con velocidad.

La niña se sacude desmayada en el aíre, logro atraparla con las garras y abro las alas. La niña despierta, sube a mi lomo y me abraza del cuello recostándose en mí. finalmente nos dirigimos a nuestro destino.

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La intranquilidad se extiende en el infinito y se revuelve en la oscuridad. En el horizonte comienza el risco hacia la nada, doy un paso adelante y me dejo caer en picada, y extiendo las alas para ascender. PXMOR/Libro 1/S.III: La Caída del Espíritu y el Regreso del Águila.

Un Mudo Oscuro y Miserable

Mi mente y espíritu son opuestos a los tuyos; mis ojos están vendados y empuño una espada para cortar cada trozo de ti y restaurar la balanza. Estoy ciego y solo te oigo pedir audiencia.

Escucho frágiles hormigas de espíritu miserable, seducidas por la reina que ellas han coronado. Una reina radiante de ilusiones y adormecida por la melodía de los consejeros que la adornan.

La reina de hoy es distinta a la del mañana, es la investidura el verdadero culto del reinado. Los cielos se nublan sobre el reino y oscurecen el espejismo de su poder.

Siento que un nuevo mundo se aproxima creado por el hombre y la mujer. Mujeres y hombres a quienes les arrebataron la luz, vendrán como relámpagos dentro de una tormenta de cólera y dolor.

CARLOS REEVES ’07
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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XIII: Espectros del Mañana

LOS MORADORES DE LAS CAVERNAS

En este estrecho pasillo desciende la serpiente de fuego hacia el corazón de la montaña.
Avanzamos en la penumbra de los túneles, las antorchas revelan suaves contornos en nuestras armaduras y en la marcha iluminamos el camino.

Los habitantes del pueblo pidieron nuestro auxilio y un primer grupo atendió el llamado. Pasaron semanas sin saber de ellos así que fuimos en mayor número a terminar la encomienda.

Meses atrás los mineros descubrieron una bóveda de cobre donde demonios están presos dentro de una montaña. En un principio los mineros los confundieron con figuras talladas en piedra pero despertaron al sentir la presencia humana, alzaron sus cuerpos altos y robustos de centelleantes miradas en tétricos rostros, con melenas enmarañadas y cuernos torcidos.

Las quimeras observaron a los mineros huir aterrados. De pronto en su escape quedaron paralizados al oír la oleada de berridos que surgieron de las profundidades. Los mineros que lograron escapar sellaron el respiradero de la mina y oyeron los gritos de sus compañeros ahogarse en el interior.

Seguimos la oración en latín provenir en los túneles, como vamos acercándonos un resplandor de fuego se hace más intenso. En el descenso descubrimos a un monje arrodillado frente a la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado, aunque su armadura y cuerpo se carbonizaron, levanta la cabeza de su hombro para mirarnos, en ese instante desenvainamos las espadas.

–¡Santos, retrocedan! –dijo el monje con voz rasposa y se pone de pie –¡Este es mi reino!

El monje arremete contra nosotros con espada en mano y pasos torpes, todos le abrimos camino, esquivamos sus ataques lentos y vagos mientras nos maldice. Ninguno se atreve a combatirlo, está loco pero es un hombre de Dios, uno de nosotros enviado en el primer grupo a preservar la fe de la expedición.

Doy un paso lateral cuando se abalanza contra mí, el peso de la espada lo hace tambalear y con la punta se apoya para no caer, apenas se repone y gira el rostro en torno a nosotros, levanta alto el filo y, de un solo movimiento le amputo los brazos con el canto de mi espada. Cae al suelo y chilla retorciéndose cuando le atravieso el pecho, y a mi complacencia agito la hoja de lado a lado hasta reventar las costillas.

Limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros, me abro paso entre ellos y sigo el descenso a la bóveda de cobre.

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En la penumbra iluminamos el camino donde demonios son presos, de centelleantes miradas con melenas enmarañadas y cuernos torcidos. En el descenso descubrimos la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado. Un hombre de Dios, la fe de la expedición, le amputo los brazos con el canto de mi espada y le atravieso el pecho y limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros. PXMOR/Libro 1/Sueño VI