FAETÓN

Existe una torre en la luna con forma de lanza, es de piedra y acabados simétricos que nacen del arco. En el centro hay un rosetón de colores violeta y azules. La entrada es una cavidad con puertas de madera grabadas y es custodiada por dos ángeles. Hombres, mujeres y niños caminan al interior.

Me encuentro en una colina acompañado de una mujer tomados de la mano.

—Tengo que ir. —Le dije mirando sus temblorosos ojos.

Besa mi mejilla y suelta mi mano. Camino a la torre y me reúno con los marchantes; ella espera en la colina.

En la entrada uno de los ángeles me impide el paso y clava la mirada en mí. Sale un tercer ángel.

—¿Qué deseas? —su voz hizo eco en el viento.

—Quiero verlo. —respondí.

—¡Retrocede! —dijo.

—¿Porque he de moverme? Soy imagen y semejanza, más noble que tú. ¡Déjame pasar!

El ángel se aparta y se desvanece en el interior.

Subo por las escaleras donde los gritos y lamentos en las tinieblas me hacen estremecer. Me siento exhausto y la vista se me nubla, antes de que todo fuera oscuridad apareció el tercer ángel, y me lleva en sus brazos. Flotamos en el cielo hacia las nubes que revelan la bóveda del universo; pude distinguir tres figuras de radiante calidez.

Mi cuerpo arde en llamas y se esparce en hojuelas de polvo.

          —Polvo eres y polvo serás. —dijo.

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Camino a la torre hasta reunirme con los marchantes mientras ella espera en aquella colina. Hombres, mujeres y niños caminan al interior de la torre. Subo por unas escaleras oscuras y escucho gritos en el camino, en los escalones tropiezo con cuerpos chamuscados. PXMOR/Libro 1/Sueño IX: La torre del centinela

MI LUNA

Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.

—Toma el rumbo de la inmortalidad —dijo —aprende el camino de la soledad; compartamos juntos este árido sentimiento, la amargura que observo en la tierra.

Conservemos el calor de nuestros corazones.

—¿Crees que podamos existir solo tú y yo? —pregunta.

Te amo como una parte de mí, deseo darte la esencia de mí existencia como el fruto que me abriga todos los días.

Carlos Reeves ’05
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PXMOR/Libro 1/Sentimiento VI

EL SIGLO DE LAS QUIMERAS

El adoquín rojo se extiende en el segundo piso alrededor del patio, camino por ese pasillo y me dirijo a la biblioteca. Es raro ver a alguien ahí, ni siquiera hay bibliotecario y es ideal para pasar tiempo solo.

Recorro los libreros hasta la ventana, enciendo un cigarro y me asomo a la calle, alcanzo a ver los muros que limitan la preparatoria y el árbol de la banqueta cuyas ramas llegan a mí. Arranco una hoja y la dejo caer, da giros en espiral en el aire y antes de tocar el suelo, una corriente la eleva muy alto en el cielo.

Las puertas rechinan al abrirse y golpean la pared, tiro el cigarro y me oculto. Hay un silencio inusual creado por algo que perturba la quietud de los objetos, y presiento la atmósfera de “Aquello” que se esconde. Con cautela me muevo en el pasillo recorriendo la mirada sobre los libros.

Escucho la goma de las suelas rechinar en la duela, una más ligera que la otra y distintas entre ellas; vienen susurros, carcajadas que no desean ser escuchadas y el golpe en una mesa que chilla.

Una joven está sentada en el borde de la mesa, el cabello oculta su rostro y entre las piernas tiene la cabeza de “Algo” que abraza su cuerpo. Es fascinante como goza y calla los gemidos de su orgasmo.

“Ésa cosa”, “Ése algo”; se alza y la besa a la vez que le sujeta el brazo, le da la vuelta y la inclina encarando a la mesa. Ella carcajea y se da la vuelta pero “Ése” o “Ésa” la vuelve a someter.

—¡Ay, me lastimas! —reclamó al golpearse la cabeza con la mesa, intenta retirarse pero apenas puede moverse.

“Ésa” o “Ése” levanta la falda de la joven y le abre los muslos, de su entrepierna brotan tentáculos que la sujetan con fuerza; en la forma andrógina de “Ése o Ésa” no distingo que cuerpo es penetrado. Lo que si veo es la desesperación de la joven en quitarse a “Ésa o Ése” de encima, “Aquello o Aquella” “Ése o Ésa” que la lastima, “Él o Ella” quien la viola y se rapta a sí, un cuerpo diáfano y otro tangible se mancillan a sí mismos.

En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Hay un hedor en el aire y estoy paralizado obligado a seguir observando. Siento el dolor de su tristeza enfriar mi sangre.

“Ella o Él, Ése o Ésa, Aquella o Aquel. Él o Ella, Ésa o Ése, Aquel o Aquella.”

—¿Qué eres?

—…Esase— Respondió.

La joven cae a los pies de Esase y se retuerce con la vagina envuelta en sus muslos y la mano a tientas en el ano, el sangrado la paraliza y lentamente se marchita hasta volverse un bulto tembloroso y sollozante. Esase le lame la mejilla y se desvanece sin despegar su lengua de ella.

No imagino la impresión que tiene cuando su mirada, nublada en lágrimas, me descubre. Limpia sus pestañas.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó —Es una pesadilla. —dijo agitando la cabeza tratando de borrar el pasado.

—No, es real. —respondí.

—¡Cállate! —oculta su rostro —Nadie sabe, sólo yo y nadie más. Tú no estás aquí, tú no existes para mí.

Vuelve a levantar la cabeza, se encuentra en un pastizal de un verde radiante a la luz del cielo cristalino, no siente dolor y viste una manta de un blanco impecable. Y entonces descubre que ya no estoy ahí.

—Lo siento. —dijo.

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En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Todo se vuelve sucio y nada es claro solo más confuso; yo estoy paralizado casi obligado a seguir observando y siento el dolor de la tristeza derrochar el calor de mi sangre. PXMOR/Libro 1/Sueño (?)