EL SIGLO DE LAS QUIMERAS

El adoquín rojo se extiende en el segundo piso alrededor del patio central, camino por ese pasillo mientras veo a mis compañeros en clase de deportes, algo que acostumbro evitar para ocultarme en el mismo lugar, la biblioteca. Es raro ver a alguien ahí ni siquiera hay bibliotecario y es ideal para pasar tiempo a sólo.

Recorro los libreros hasta llegar a una ventana donde enciendo un cigarro y me asomo a la calle, alcanzo a ver los muros que limitan la preparatoria y el árbol de la banqueta cuya copa llega a la ventana, arranco una hoja y la dejo caer al suelo, da giros en espiral en el aire y antes de tocar, una corriente la eleva muy alto en el cielo. Las puertas rechinan al abrir y golpean suavemente en la pared, tiro el cigarro y me oculto. Entonces hay un silencio inusual, aquel que es creado por algo que perturba la resonancia natural de las cosas y se siente una atmósfera de “Aquello” evitando ser descubierto. Adopto el mismo silencio y me muevo entre los libreros recorriendo la mirada en el canto de los libros. Escucho la goma de las suelas rechinar en la duela, uno más ligero que el otro y distintos entre ellos; vienen susurros, carcajadas que no desean ser escuchadas y el golpe sobre una mesa que rechina al sacudirse.

En la mesa está una joven sentada al filo de la base, el cabello oculta su rostro y entre las piernas tiene la cabeza de “Algo” que abrazaba su cuerpo. Es inquietante como ella consigue enmudecer los gemidos a pesar del éxtasis su momento, hace todo lo posible para no emitir sonido alguno en el desahogo de su pasión.

“Ésa” cosa, “Ése” algo; se alza y la besa a la vez que le sujeta el brazo, le da la vuelta y la inclina encarando a la mesa. Ella carcajea nerviosa por un instante y decide devolverse pero “Ése” o “Ésa” la vuelve a someter en su lugar.

—¡Ay, espera! — reclamó al golpear la cabeza sobre la mesa —Lastimas— intenta retirarse pero apenas puede moverse.

“Ésa” o “Ése” levanta la falda de la joven, abre sus muslos y de la entrepierna brotan tentáculos que se aferran de ella; en la incierta forma andrógina de “Ése o Ésa” no distingo que cuerpo es penetrado. Lo que si tengo claro es la desesperación de la joven en quitarse a “Ésa o Ése” de encima, “Aquello o Aquella” “Ésa o Ése” que la lastima, “Él o Ella” quien la viola o se rapta a sí, un cuerpo diáfano y otro tangible se desintegran uno a otro.

En ese momento siento la turbulencia de emociones que se desvanecen en algo tan oscuro y perturbador. Todo se vuelve sucio y nada es claro solo más confuso; yo estoy paralizado casi obligado a seguir observando y siento el dolor de la tristeza derrochar el calor de mi sangre.

“Ella o Él, Ése o Ésa, Aquella o Aquel…Él o Ella, Ésa o Ése, Aquel o Aquella.”

—¿Quién eres?

—…Esase— Respondió.

En ese instante la joven cae a los pies de Esase y se retuerce en el suelo con la mano a tientas en el ano, en ese momento el sangrado comienza a paralizarla y, al igual que una flor, lentamente se marchita hasta volverse un bulto tembloroso y sollozante. Esase le da un beso en la mejilla y se desvanece sin despegar los labios de ella.

No imagino la impresión que tiene cuando su mirada, nublada en lágrimas se dirige al pasillo y descubre que estoy ahí; entonces limpia sus pestañas y me mira a los ojos.

—¿Por qué estás aquí? —dijo— Es una pesadilla.

—No, es real—respondí.

—¡Cállate! —oculta el rostro—Nadie sabe, sólo yo y nadie más, nunca pasó. Tú no estás aquí, tu no existes aquí.

Cuando ella vuelve a levantar la cabeza, se encuentra en un pastizal de un verde radiante a la luz del cielo cristalino, no siente dolor y viste una manta de un blanco impecable.

Y entonces descubre que ya no estoy ahí.

—Lo siento—dijo.

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PXMOR/Libro 1/Sueño VI

EL REY DE TODAS LAS BESTIAS

Recuerdo una torre de cantera construida frente a mí, alta de forma ojival y oscuros relieves. Su lanza divide el horizonte del cielo, la punta afilada parte la densa nube que oculta la luna, y en cada corte, los rayos delinean los surcos de la fachada.

Las puertas de madera están abiertas a la distancia de un cuerpo, la luz interior dibuja un resplandor suave, cálido y palpitante; siento cada onda irradiar hacia mí y envolver la anterior al desvanecerse.


El rosetón de un Ojo corona el portal con arrogante mirada puesta en los alrededores.


Sobre de él hay una inscripción desgastada; mi vista se desvanece cuando intento leer, parece decir Εσασε. En cada extremo del rosetón surgen figuras simétricas extendidas en numerosos huesos, luego en plumas y después en alas que finalmente, como ave muerta forman la base de la torre.

Me encuentro sentado con la mirada cubierta por el filo de la capucha, veo mis brazos ocultos por la túnica púrpura de bordados dorados; mis manos transpiran al empuñar algo debajo de mis mangas. Junto a mí hay hombres encapuchados atentos al altar, tengo la impresión de haber despertado de un sueño mientras algo sucede en aquella dirección. Levanto la cabeza al escuchar el llanto de una joven, está embarazada y es arrastrada por dos hombres, ella se resiste a caminar y lucha por liberarse.

Hay algo familiar en ella, siento haberla visto antes.


La alzan desnuda sobre el altar y ofrecen su pecho al cielo.


Del mismo lugar de donde la trajeron, otra mujer camina a ella desde el umbral, su túnica es como la mía, usa una corona de plumas forjada en bronce y con la mirada sigue su palma al recorrer el cuerpo desnudo de la joven, se detiene en el vientre y presiona los dedos sobre la piel, y de un golpe clava la hoja de su puñal.

El grito me levanta de un impulso, los hombres a mi lado intentan detenerme y aunque tienen toda la fuerza para someterme, los acuchillo con el par de dagas ocultas en las mangas, como reflejo apuñalo a todos los que se abalanzan en mi contra.

Abro paso cortando y atravesando a quien se cruce.

Sus gritos son llamados dolorosos que vibran en mi cabeza, siento la rabia emerger del pecho y consumir el miedo que siento.

Nada me detiene, ni siquiera me importa perder las dagas, no hay dolor.

Mato todo lo que está a mi alcance.


Yo deseo más.


Siento un cosquilleo brusco en los labios, mi quijada se abre con colmillos y me arrojo a la carne; rasgo cuerpos con las garras desmembrando huesos y entrañas en cada zarpazo.

Estoy lleno de la fuerza que se alimenta de la braza ardiente en mi pecho y arranco sus rostros aterrados del cráneo; en ese momento me siento alto y poderosos.

Capturo a la mujer de la corona, meto su cabeza en mi hocico y la exprimo hasta sentir la sangre chorrear. Agachado en el altar saboreo mi presa y veo como huyen de mí; disfruto mucho escuchar sus gritos y lamentos.


¡Soy quien sacrifica sus vidas… Mí venganza!


El cuerpo de la joven está tirado tal y como había caído al suelo, y en su rostro se congeló el horror que sufrió. Agitado la observo con el corazón retumbando en todo mi cuerpo, puedo sentir el pulso de la sangre y el vapor de mi jadeo. Sostengo a la joven en mis brazos y arrodillado en el altar la corono con las plumas de bronce.

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ABRE TUS OJOS Y MÍRAME OTRA VEZ

Hazlo como en las mañanas cuando despertaba a tu lado.

Grito llamando a alguien pero no veo a quien.

Estoy solo…

Nadie viene al valle del zorro

Camino por la colina moteada de colores, oleadas de viento agitan las flores y desprenden su fragancia.

Estoy inmerso en una neblina

Exhausto y cabizbajo levanto la mirada hacia el camellón de la avenida, hay un árbol de amplias ramas que cruzan la calle y dan sombra en la parada donde me encuentro.

El autobús se detiene con el rechinido de los frenos y la vibración de sus láminas; el aire comprimido silba y se abre la puerta. Pago el pasaje y camino por el pasillo que resplandece a la luz de las ventanas, cada línea áurea inhala alejando el brillo de los asientos y exhala suavemente devolviendo la intensidad de su rayo.

Todos excepto uno, aquel donde está la mujer del suéter negro con cuello de cisne.

—¡Es ella!

Está sentada con su mirada abandonada en el vacío; me acerco buscando sus ojos verdes pero ella se rehúsa a verme y sentado a su lado tomo sus manos.

—Te extraño—dijo.

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PXMOR/Libro 1/SUEÑO XII: EL ÚLTIMO AUTOBÚS DE LOS RECUERDOS

EL OCÉANO DE ESTRELLAS Y EL COMENTA QUE QUISO ALCANZARLAS

“Bajé a la oscuridad absoluta,
en las profundidades donde él habita…”

Desmayado caigo como pluma en el abismo; del cielo descienden listones finos y luminosos.

Amarran mi cuerpo y me jalan suavemente a la superficie risada. Cruzo la línea del océano hacia el firmamento y entro a un túnel con ventanas radiantes en luces doradas.

En el camino la vitalidad de mi ser disminuye en el ascenso.

Del túnel sigue un valle de flores, el cielo es abierto y las nubes se concentran en un vórtice. Los listones se vuelven más cálidos y se transforman en un punto radiante que esparce llamaradas en forma de aros.

Tres estatuas de ángeles levitan en el cielo y miran la luna sobre de ellos, en ella está la torre y en el interior hay un gran árbol que emerge del corazón de la mina de cobre.

Mi viaje continúa por los caminos de roca hasta la biblioteca y libros son arrastrados en una tormenta de arena.

Luego vienen las cloacas y me llevan al interior de la torre. Llego al templo donde suena el órgano de viento y hay velas rodeando el altar.

Escucho una voz que me llama del exterior.

Es medio día cuando salgo la torre, el cielo está nublado y una atmósfera azul cae sobre el pueblo. Soplo el vaho en mis manos que apenas logro calentar en el invierno.

La campanilla de la puerta suena al entrar en la cafetería, la tabla del menú se refleja en la vitrina de postres, no hay nadie en el mostrador.

El césped del parque es rociado por aspersores y las gotas corren de sus puntas a la tierra, un par de mariposas revolotean entre los árboles y luego suben a las copas, unos cuantos rayos de sol escapan de las ramas y caen al suelo con pequeñas motas de luz.

El tenue brillo titila al sonido del proyector en la sala, la película se ambienta en el océano repleto de estrellas con escenas de planetas y nebulosas.

Un cometa que se desplaza en un punto luminoso.

Miro atrás y un brillo aparece al otro lado de la calle. Pertenece al medallón de una joven sentada en la base de concreto y se ha recargado en la asta de la plaza.

Su blusa es blanca y la falda gris, sus son ojos verdes y el cabello rizado color castaño.

—¿Dónde habías estado? —Pregunté.

—No me he movido de aquí— palmea el concreto y me clava la mirada— ¿Subes?

Desde ahí observamos juntos los lugares que he visitado.

—Un Sueño— dijo ella

—Pero ¿quién?

—Yo—dijo con firmeza—Siempre me encuentro aquí sentada. Te veo caminar por esos lugares y luego desapareces en uno de ellos—

—No recuerdo este lugar.

—Bueno, es la primera vez que llegas a hasta aquí. Junto a mi— Se quita la medalla del cuello —Te lo obsequio.

En sus manos extiende la cadena y rodea mi cuello con sus brazos; su rostro está junto al mío y la beso, ella permanece conmigo hasta que abrocha la cadena, entonces se aparta con una sonrisa y de un salto se aleja mí.

—¡Te estaré esperando! —grité a sus espaldas antes de que despareciera al doblar la esquina; observo el medalla. Es la cruz de Jerusalén.

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 PXMOR/Libro 1/SUEÑO XV: EL OBSEQUIO

LA GUERRA DEL ÁGUILA

Hace frío en las cloacas, la humedad de las paredes y el sonido de las gotas revientan en el pasillo.

Camino por el piso resbaloso apoyado de la pared hasta el final del túnel y llego a una bóveda donde todos los túneles se juntan, no sé si son entradas o salidas, pero es igual a un laberinto.

Cuando bajo las escaleras escucho voces circular desde el fondo de la bóveda, los escalones son cortos y con los dedos me agarro de las salientes en la pared.

Descubro un pasillo iluminado con lámparas cálidas que a mis pasos titilan antes de fundirse. Observo un grupo de jóvenes de trajes blancos reunidos en la fogata y armados con sables, escuchan a su líder que los ha reunido.

Intento ver su rostro pero se desvanece con el sonido de su voz.

—¡Oye tú! —dijo el líder al descubrirme detrás del grupo, los demás voltean con rostros enmascarados por la oscuridad.

Doy media vuelta pero un insulto más me hace golpearlo. El grupo levanta sus armas y se lanzan sobre mí, corro por el túnel con toda la fuerza que tengo, el aire comienza a hacerme falta y pronto las piernas dejan de responder, la salida es imposible de hallar en este laberinto subterráneo y siempre termino en una bóveda con más túneles.

Los ruidos de mis perseguidores desaparecen, creo que los he perdido, pero descubro a uno buscando en la oscuridad, la silueta se ve a contra luz y brilla la hoja de su sable; está de espaldas.

Avanzo lentamente, siento la empuñadura de la daga que sostengo, me aproximo con cautela y lo apuñalo en el cuello, espalda y estómago.

Caigo al suelo, veo su cuerpo tirado junto a mí y lo empujo al arroyo de la cloaca. Agarro el sable y en la oscuridad me deslizo listo para enfrentar al enemigo; entonces siento un golpe en el cuello y enseguida un chorro de sangre escapa cuando intento detener el sangrado, la vista se vuelve difusa con pequeños destellos de nitidez en cada golpe que recibo.


—¡Cúbranse! —Grita alguien cuando un proyectil explota cerca de mi. Estoy por levantarme cuando miembros del pelotón abren fuego contra el edificio frente a nosotros, carros blindados disparan de sus torretas, soldados se abren paso en el fuego cruzado para llegar a la entrada, incluso hay un par de tanques listos para disparar; la guerra se desata y el capitán pide el apoyo de helicópteros para combatir a las fuerzas del interior.

El águila ondea en la asta de la plaza de armas con el verde, blanco y rojo, en un cielo oscuro resplandece en llamas. 

Nuestras fuerzas pierden el combate, los soldados caen y se repliegan, los carros explotan uno a uno. Escucho un grito en la plaza.

Una mujer abraza a su hija cubriéndose del tiroteo.

Recorro la plaza por los escombros evitando las balas, llego a ellas y trato de tranquilizarlas, busco un camino para lograr escapar cuando  el zumbido denso de un proyectil impacta junto a nosotros. Los ruidos desparecen, la bandera se incendia al mismo tiempo que la asta se dobla suavemente, en esos momentos cuando agonizo las cosas son sutiles y nostálgicas, es el tiempo suficiente para retener esa imagen y llevarla contigo.

Un moribundo tendrá la hermosa escena de sus familiares antes partir.

Yo veo el horror, el fin de una nación ultrajada.

Apenas tengo fuerza para girar la cabeza y veo el cuerpo de la niña separado de su madre, hay algo familiar en ella, no la reconozco pero siento conocerla.

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PXMOR/Libro 1/SUEÑO II: MUÉSTRAME A UN HÉROE QUE HAYA MUERTO ACOMPAÑADO DE SUS ALIADOS

NO ES PERFECTA, MÁS ES AUTÉNTICA

[¡Oye! No te puedo contactar por teléfono.

El domingo nos juntaremos todos los de la secundaria…

            Tienes que ir jajaja, a las 5pm en Plaza Galerías.

            Nos vemos]

Recibí su mensaje en facebook al día siguiente que soñé con ella.

Hacía tiempo que no me reúno con los compañeros de la secundaria, pero la realidad es ella la causa de mis nervios.

Decido llegar antes de la hora y me ubico en un lugar distante del punto de reunión. Aunque me llevaba bien con todos, solo son unos cuantos con quien realmente puedo platicar sin sentirme comprometido, y soportar esos molestos silencios.

Espero en una banca y aparento escribir en el celular para lanzar ligeras miradas. Dan las 5pm y hasta entonces no hay señales de ella ni de los otros, así que decido ir al punto de encuentro a la vista de todos. Pienso si me equivoque de día, o peor, de hora.

“Estoy varado como gato en la duda.”

Si llegué tarde y todos se fueron siguiendo el plan, tendré que encontrarlos en la plaza o contactar a mi amiga para vernos, eso o evitarme la pena y retirarme.

Me dedico a mirar rostros con la posibilidad de encontrar uno familiar, me imagino observándome desde aquella banca y lo despistado que me veo en la entrada, como el último jugador en la banca.

En fin, estoy atrapado y mi única esperanza es haber confundido el día.

 “¿Qué rayos sucede, dónde están?”

Son las 5:30 cuando ella sale de la plaza a mi encuentro, con sus ojos verdes y sonrisa felina me abraza, ella es un poco más pequeña así que su cabeza me queda a la altura del cuello y puedo percibir el mentolado aroma de su cabello negro.

La verdad no recuerdo de que tanto hablamos esa tarde, supongo que fue agradable por nuestras miradas y carcajadas

Cuarenta minutos después llega uno de los ellos, saluda a mi amiga y para sorpresa no me recuerda, hasta entre cierra los párpados como si esperase que le dé prueba de ser compañeros en aquel años atrás. No le doy importancia y sonrío.

Llega su mejor amiga y con un beso me reconoce, viene acompañada por otra chica de la secundaría, y al igual que el otro no supo quién soy.

            —Me da igual.

Esperamos hasta que entendimos que somos todos. Me siento mal por ella, solo pocos vinieron.

Fue de las más populares en la secundaria y no por la baratería de ser la “sexy” del plantel.

             —Lo siento, es cierto. No hay estafa más grande que la popularidad por la belleza de la juventud.

Ella es todo lo contrario, por supuesto que es linda de facciones finas y suaves, labios gatunos y orejas que se asoman en su cabello lacio. Su piel es clara sin llegar a ser blanca, delgada con un trasero pequeño y firme como durazno; me es difícil de describir, a veces parece grande o pequeño, caído o levantado y formas de ese tipo, creo que todo depende su ropa.

Lo mismo sucede con sus pechos que son como un par mantecadas caídas en los costados.

            —Solo falta leche para desayunar con ella.

“No es perfecta, más es auténtica en todo su ser.”

Estoy seguro que la razón de su popularidad es por su personalidad, se adaptaba muy bien a las bolas; un día podía hablar de videojuegos, tableros de juego, historietas y otro día la veía en la cancha de baloncesto o de voleibol.

Era pésima estudiante y más de una vez la tuve que sacar de algún apuro en prefectura.

Realmente no estoy seguro de cuando comenzamos a juntarnos, pero si el día que nos conocimos.

Fue el día que el balón de volei cayó al pasto y rodó hacia mí, donde dormía.

            —¡Oye! ¿Me pasas el balón?

Apenas levanto los brazos de los ojos y la veo parada en la cancha con su uniforme blanco, detrás de ella todos esperan que yo haga lo que dijo.

            —Ven tú.

            —¡Por favor! —con las manos en la cintura.

            —No soy tu maldito bolero. —volví a cubrir mis ojos.

“Aún siento su presencia ahí parada.”

            —Olvídalo—escucho a uno de los jugadores—Me cae que ni la llega contigo.

Apenas veo de reojo y lo encuentro al otro lado de la cacha. Me levanto y tomo le mentado balón.

            —Aguas ya se enojó. —se burló acompañado de las carcajadas de los demás, incluso ella cubre su boca para reír.

Aviento la bola frente a mí y salto golpeándola en el aire, sale disparada hasta el otro lado de la red sobrepasando a los jugadores y cae en picada, el tipo que gritó se lanza sin éxito y la pelota cae de la cancha.

No fue el mejor de todos los tiros, estaba más animado a pegarle al tipo que hacer la jugada.

“Fue lo suficiente para impresionarlos.”

Compramos café en la Flor de Córdoba y vagamos por la plaza sin rumbo en la corriente de gente embrutecida por las compras.

Entonces mi amiga propone ir al billar, creí que eso elevaría los ánimos, pero fue todo lo contrario, cada uno saca un pretexto para no ir.

“Vale ¿entonces a que han venido? “

Así que vamos solos al billar, la pasamos muy bien y nos divertimos mucho; pedimos papas a la francesa y sodas, y dividimos la cuenta

Ella me gana dos de tres juegos en el billar y después pasamos a un juego de pistolas en el arcade, formamos equipo contra los zombies que intentan matarnos, si lograban vencernos, entonces iniciaremos separados en algún punto del juego hasta reuniros.

Ya en la noche intercambiamos números y nos despedimos, los dos tomamos el mismo autobús solo que en direcciones opuestas de la ciudad, entonces esperábamos cada uno en su parada, ella frente a mí separados por la avenida.

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PXMOR/Libro 1/SENTIMIENTO XV: Mirada Felina

LA NOCHE DEL DEMONIO

Cierro los ojos con el grilleo de la noche y me arrullan el oscilar de las ramas en el viento. Miro el cielo por la ventana y noto un vacío donde las estrellas se han apartado de la luna.

Envuelto en la oscuridad e ignorando todo sonido ajeno al grilleo, los insectos escuchan la voz que me llama.

Algo habita en las ramas y se asoma abrazado del tronco con garras y zarpas.

Desvía la mirada al cielo y sube a la copa del árbol con un paso lento, entonces desaparece en las hojas.


Tomados de la mano caminamos por las calles de la ciudad, es un lugar colonial ensombrecido por la tormenta que se aproxima. Sin decir palabra alguna recorremos las fachadas de acabados en cantera cálidamente iluminadas; ella me mira y sonríe.

El camino se vuelve más estrecho y los edificios se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y en el centro de todo, una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo y en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas que la abrazaban.

Ella dice que tiene que partir, insisto en acompañarla pero se rehúsa.

Comienza a dirigirse al interior cuando sujeto su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.

—Déjame ir contigo.

—Vuelvo pronto, yo te busco— libera su mano de mí y se aleja— Espera mi carta.

Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.

—Te necesito, te amo.

Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.

Algo se aproxima a nosotros.

—¡Que le has hecho! — grite ese algo solo me observa estático bajo la lluvia— ¿A qué has venido?

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PXMOR/Libro 1/ SUEÑO XI: La Noche del Demonio

LA CAÍDA DEL ÁGUILA Y EL REGRESO DEL ESPÍRITU

Algo me inquieta y tengo esa sensación de intranquilidad. Decido ponerme de pie y me dirijo al pasillo, como voy avanzando siento esa inquietud aumentar.

Algo esta mal…

Pronto mi corazón palpita con rapidez al igual que la respiración, ya no camino sino corro por el pasillo que se extiende al infinito y se revuelve en la oscuridad. Llego a una puerta delineada por la luz del más allá.

 Miro por el borde y del otro lado hay un desierto debajo de un cielo nublado, puedo ver a una niña sentada con la mirada en el horizonte donde el desierto se parte y comienza el risco hacia la nada. La niña se pone de pie; intento abrir la puerta y golpeo para llamar su atención, grito pero apenas dirige el oído. Da un paso adelante y lentamente otro, enseguida el siguiente y el siguiente, así continúa hasta correr al horizonte.

Se lanza al risco con los brazos extendidos.

La puerta se abre de una vez, al igual que la niña doy un paso adelante de otro tan rápido para alcanzarla, comienzo a despegarme del suelo y siento la resistencia del viento elevarme al cielo. Han pasado varios segundos desde que la niña saltó, al principio no la veo desde las alturas pero finalmente mi vista mejora y la encuentro; me dejo caer en picada al precipicio, mi cuerpo comienza a vibrar al surcar el viento a gran velocidad.

Desmayada la niña se sacude en el aire.

Entonces logro atraparla con las garras de mis patas y extiendo las alas para ascender, mientras vuelo la niña despierta, se aferra al plumaje y con ayuda sube a mi lomo donde se sienta, y pone las manos en mi cabeza dirigiéndonos a nuestro destino

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La intranquilidad se extiende en el infinito y se revuelve en la oscuridad. En el horizonte comienza el risco hacia la nada, doy un paso adelante y me dejo caer en picada, y extiendo las alas para ascender. PXMOR/Libro 1/S.III: La Caída del Espíritu y el Regreso del Águila.

MORADORES DE LAS CAVERNAS

Avanzamos en la penumbra de los túneles, las antorchas revelan suaves contornos en nuestras armaduras y en la marcha iluminamos el camino.

En este estrecho pasillo desciende la serpiente de fuego hacia el corazón de la montaña.

Los habitantes del pueblo pidieron nuestro auxilio y un primer grupo atendió el llamado. Pasaron semanas sin saber de ellos así que regresamos en mayor número a terminar la encomienda.

Meses atrás los mineros descubrieron una bóveda de cobre donde demonios son presos dentro de la montaña. En un principio los mineros los confundieron con figuras talladas en piedra pero despertaron al sentir la presencia humana, alzaron sus cuerpos altos y robustos de centelleantes miradas en tétricos rostros, con melenas enmarañadas y cuernos torcidos.

Las quimeras observaron a los mineros huir aterrados.

De pronto en su escape quedaron paralizados al oír la oleada de berridos que surgieron de las profundidades. Los mineros que lograron escapar sellaron el respiradero de la mina y oyeron los gritos de sus compañeros ahogarse en el interior.

Seguimos la oración en latín provenir en los túneles, como vamos acercándonos un resplandor de fuego se hace más intenso. En el descenso descubrimos a un monje arrodillado frente a la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado, aunque su armadura y cuerpo se carbonizaron, levanta la cabeza de su hombro para mirarnos, en ese instante desenvainamos las espadas.

¡Santos, retrocedan!

dijo el monje con rasposa voz y se pone de pie

¡Este es mi reino!

El monje arremete contra nosotros con espada en mano y pasos torpes, todos le abrimos camino, esquivamos sus ataques lentos y vagos mientras nos maldice. Ninguno se atreve a combatirlo, está loco pero es un hombre de Dios, uno de nosotros enviado en el primer grupo a preservar la fe de la expedición. Doy un paso lateral cuando se abalanza contra mí, el peso de la espada lo hace tambalear y con la punta se apoya para no caer, apenas se repone y gira el rostro en torno a nosotros, levanta alto el filo y, de un solo movimiento le amputo los brazos con el canto de mi espada. Cae al suelo y chilla retorciéndose cuando le atravieso el pecho, y a mi complacencia agito la hoja de lada a lada hasta reventar las costillas.

Limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros, me abro paso entre ellos y sigo el descenso a la bóveda de cobre.

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En la penumbra iluminamos el camino donde demonios son presos, de centelleantes miradas con melenas enmarañadas y cuernos torcidos. En el descenso descubrimos la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado. Un hombre de Dios, la fe de la expedición, le amputo los brazos con el canto de mi espada y le atravieso el pecho y limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros. PXMOR/Libro 1/Sueño VI