LA NOCHE DEL DEMONIO

Arrullado por el canto de los grillos de la noche, veo el oscilar de las ramas en el viento y cierro los ojos.

Miro por la ventana y noto un vacío en el cielo donde las estrellas se han apartado de la luna. Envuelto en la oscuridad el canto se detiene y los grillos escuchan la voz que me llama.

Algo se asoma de las ramas y se aferra al tronco con sus garras, desvía la mirada al cielo y sube el árbol con pasos lentos hasta desaparecer en las hojas.

Tomados de la mano caminamos por la calle de una ciudad colonial ensombrecida por la tormenta que se aproxima. Sin decirnos una palabra recorremos las fachadas con acabados de cantera cálidamente iluminadas: Ella me sonríe.

El camino se vuelve más estrecho y los muros se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y en el centro de todo, una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo y en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas que aprisionan el edificio.

—Tengo que partir. —dijo soltando mi mano.

—Déjame ir contigo. —insisto en acompañarla pero se rehúsa.

Camina al interior de la torre cuando vuelvo a sujetar su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.

—Vuelvo pronto, yo te busco. —se aleja liberándose de mí —Espera mi mensaje.

Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.

—Te necesito, te amo.

Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.

Algo se aproxima.

—¡Que le has hecho! ¿Por qué has venido?

Ese algo solo me observa estático bajo la lluvia.

Safe Creative #1901069541680

El grilleo de la noche donde las estrellas se han apartado de la luna, los insectos escuchan la voz que me llama. PXMOR/Libro 1/ SUEÑO XI: La Noche del Demonio

LA CAÍDA DEL ESPÍRITU Y EL REGRESO DEL ÁGUILA

Tengo esa sensación de intranquilidad, me pongo de pie y camino por el pasillo sintiendo esa inquietud aumentar.

Pronto mi corazón palpita rápidamente y mi respiración se estremece. Ahora corro por el pasillo que se extiende al infinito y se revuelve en la oscuridad.

Llego a una puerta delineada por la luz del más allá.

Miro por el borde y del otro lado, hay un desierto debajo de un cielo nublado; puedo ver a una niña sentada con la mirada en el horizonte donde el desierto se parte y comienza un risco hacia la nada. La niña se pone de pie. Golpeo la puerta para llamar su atención pero apenas dirige el oído.

Da un paso adelante y lentamente otro, da el siguiente y el próximo, hasta correr al horizonte y se lanza al risco con los brazos abiertos.

La puerta se abre de una vez, me apresuro a alcanzarla y me elevo en el viento. No la veo desde las alturas y temo lo peor; mi vista mejora y la encuentro. Mi cuerpo vibra al descender con velocidad.

La niña se sacude desmayada en el aíre, logro atraparla con las garras y abro las alas. La niña despierta, sube a mi lomo y me abraza del cuello recostándose en mí. finalmente nos dirigimos a nuestro destino.

Safe Creative #1901069541680

La intranquilidad se extiende en el infinito y se revuelve en la oscuridad. En el horizonte comienza el risco hacia la nada, doy un paso adelante y me dejo caer en picada, y extiendo las alas para ascender. PXMOR/Libro 1/S.III: La Caída del Espíritu y el Regreso del Águila.

LOS MORADORES DE LAS CAVERNAS

En este estrecho pasillo desciende la serpiente de fuego hacia el corazón de la montaña.
Avanzamos en la penumbra de los túneles, las antorchas revelan suaves contornos en nuestras armaduras y en la marcha iluminamos el camino.

Los habitantes del pueblo pidieron nuestro auxilio y un primer grupo atendió el llamado. Pasaron semanas sin saber de ellos así que fuimos en mayor número a terminar la encomienda.

Meses atrás los mineros descubrieron una bóveda de cobre donde demonios están presos dentro de una montaña. En un principio los mineros los confundieron con figuras talladas en piedra pero despertaron al sentir la presencia humana, alzaron sus cuerpos altos y robustos de centelleantes miradas en tétricos rostros, con melenas enmarañadas y cuernos torcidos.

Las quimeras observaron a los mineros huir aterrados. De pronto en su escape quedaron paralizados al oír la oleada de berridos que surgieron de las profundidades. Los mineros que lograron escapar sellaron el respiradero de la mina y oyeron los gritos de sus compañeros ahogarse en el interior.

Seguimos la oración en latín provenir en los túneles, como vamos acercándonos un resplandor de fuego se hace más intenso. En el descenso descubrimos a un monje arrodillado frente a la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado, aunque su armadura y cuerpo se carbonizaron, levanta la cabeza de su hombro para mirarnos, en ese instante desenvainamos las espadas.

–¡Santos, retrocedan! –dijo el monje con voz rasposa y se pone de pie –¡Este es mi reino!

El monje arremete contra nosotros con espada en mano y pasos torpes, todos le abrimos camino, esquivamos sus ataques lentos y vagos mientras nos maldice. Ninguno se atreve a combatirlo, está loco pero es un hombre de Dios, uno de nosotros enviado en el primer grupo a preservar la fe de la expedición.

Doy un paso lateral cuando se abalanza contra mí, el peso de la espada lo hace tambalear y con la punta se apoya para no caer, apenas se repone y gira el rostro en torno a nosotros, levanta alto el filo y, de un solo movimiento le amputo los brazos con el canto de mi espada. Cae al suelo y chilla retorciéndose cuando le atravieso el pecho, y a mi complacencia agito la hoja de lado a lado hasta reventar las costillas.

Limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros, me abro paso entre ellos y sigo el descenso a la bóveda de cobre.

Safe Creative #1803096070525

En la penumbra iluminamos el camino donde demonios son presos, de centelleantes miradas con melenas enmarañadas y cuernos torcidos. En el descenso descubrimos la cruz que arde con uno de nuestros hombres crucificado. Un hombre de Dios, la fe de la expedición, le amputo los brazos con el canto de mi espada y le atravieso el pecho y limpio la sangre de mi rostro ante las miradas de mis compañeros. PXMOR/Libro 1/Sueño VI